Actos poéticos, Gestalt, Literatura

EL TAMBOR

 

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Había una vez un niño que solía golpear un tambor todo el día, todos los días. No paraba. Algunos decían que no podía parar. Se hicieron varios intentos para acabar con el ruido.

Una persona le dijo que se le perforarían los tímpanos si continuaba haciendo tanto escándalo. Sin embargo, este razonamiento fue demasiado complicado para el niño, quien no era ni un científico ni un académico.

Una segunda persona le dijo que tocar el tambor era una actividad sagrada, la cual debería ser realizada solamente en ocasiones especiales y bajo la dirección de gente especial.

Una tercera persona ofreció tapones para los oídos a sus vecinos, para que pudieran aislar el ruido del tambor y evitar su ritmo estruendoso.

Una cuarta persona le dio un libro al niño: “toma, lee esto. Es sobre técnicas para tocar el tambor”.

Una quinta persona dio a sus vecinos libros acerca de cómo lidiar con el ruido, controlar la ira y manejar la frustración.

Una sexta persona le dio al muchacho ejercicios de meditación para tranquilizarse y le explicó que la realidad estaba en su interior.

Una persona muy sabia aportó la clave para solucionar la crisis. Le dio al muchachito un martillo y un cincel y le dijo: “me pregunto qué habrá dentro del tambor”.

R. Zwerin (adaptación)

Actos poéticos, Literatura

Queda prohibido

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Queda prohibido llorar sin aprender
levantarse un día sin saber que hacer,
tener miedo a tus recuerdos.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.

Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus dudas y mal humor,
queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles solo cuando los necesitas.

Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso para que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por tí mismo,
tener miedo a la vida y sus compromisos,
no vivir cada día como si fuera el último suspiro.

Queda prohibido echar a alguien de menos sin alegrarte,
olvidar sus ojos, su risa, todo,
porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar tu pasado y pagarlo con tu presente.

Queda prohibido no intentar comprentender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.

Queda prohibido no crear tu historia,
dejar de dar las gracias por tu vida,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da también te lo quita.

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin tí este mundo no sería igual.

– PABLO NERUDA-

Actos poéticos, Bienestar Psicológico, Literatura

Una explicación, con manzanas…

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El maestro contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero no todos los oyentes entendían el sentido de la misma.
Un día uno de ellos lo enfrentó y le dijo:
– Tú nos cuentas historias pero no explicas el significado.

El maestro se disculpó por ello y luego continuó diciéndole:
– Permíteme que en señal de reparación te convide con una rica manzana.
– Gracias maestro, respondió halagado el discípulo.
– Quisiera para agasajarte pelar la manzana yo mismo. ¿Me lo permites?
– Sí, muchas gracias.
– Ya que tengo en la mano el cuchillo, aprovecharé y la cortaré en trozos, para que te sea más cómodo comerla.
– Me encantaría, pero no quiero abusar de su hospitalidad.
– No es un abuso, si yo te lo ofrezco. Solo quiero complacerte.

Y… PERMÍTEME TAMBIÉN QUE LA MASTIQUE POR TI ANTES DE DÁRTELA.
– ¡No maestro! ¡No me gustaría que hiciera eso! Se quejó sorprendido el discípulo.
El maestro hizo una pausa y dijo:

“Si yo te explicara el sentido de cada parábola, sería como darte a comer una fruta masticada”

Tu mismo debes encontrarle y saborear su exquisito sabor.

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Actos poéticos, Literatura

Nunca sabemos qué es lo bueno y qué es lo malo…

 

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No hay mal que por bien no venga

Un día, el emperador Akbar y su gran visir Birbal salieron camino de la selva. Iban a la caza del tigre de Bengala. El emperador marchaba delante, pero -¡qué mala suerte!- se disparó el fusil y se hirió en un dedo. El visir Birbal le entablilló el dedo. Mientras lo hacía, le animaba con una serie de reflexiones muy sencillas:

-Majestad, nunca sabemos qué es lo bueno y qué es lo malo. Qué sabemos de lo que puede sucederle gracias a la herida. El emperador montó en cólera; no podía aguantar filosofía barata y arrojó a un pozo a su gran visir y siguió su camino por la selva. Pero le salió al encuentro un grupo de guerreros salvajes que buscaban una víctima digna para ofrecer a sus dioses. Cuando todo estaba preparado para el sacrificio humano, el hechicero se acercó al emperador y en cuanto se dio cuenta de la mano herida lo rechazó; no se podía ofrecer a los dioses una víctima que no fuera perfecta. Así fue como el emperador quedó libre de nuevo.

Mientras que Akbar caminaba por el sendero, comprendió la sabiduría de aquellas palabras de su visir: lo que al principio parecía malo, había sido muy bueno para él. Lloró de rabia y se inclinó de rodillas delante del pozo donde había arrojado a su fiel amigo.

Pero Birbal no había muerto. Le sacó lleno de alegría y se arrojó a sus pies pidiéndole perdón.

El visir le contestó: “Majestad, no tiene por qué pedirme perdón; le debo la vida. Si no me hubiera arrojado al pozo, nos habrían capturado a los dos; su majestad se habría librado, pero yo sería ahora la víctima del sacrificio”.