Bienestar Psicológico, familia, Ofensores sexuales, Psicología y conflicto, Psicoterapia, Relaciones, Sexualidad, Tanatologia, Violencia en las relaciones íntimas

¿Estoy en una relación violenta?

La violencia en las relaciones íntimas es un fenómeno complejo, para el que se conjunta la presencia de múltiples factores, entre las muchas causas que la producen, las mas frecuentes son los factores sociales y culturales que predisponen a algunas personas a ser violentas y a otras a mantenerse, justificar o tolerar la violencia que se ejerce hacia ellas.

La mayor parte de la violencia cotidiana se trasmite a través de patrones de socialización como la educación sexista, la división social, el desigual reparto de responsabilidades en la relación o en el cuidado, así como el uso discriminatorio de los tiempos y los espacios.

Esta visión de las cosas se reproduce y perpetua a través del imaginario colectivo de la cultura, del propio lenguaje y de la educación que recibimos en la familia, en la escuela y en los sitios donde convivimos, llegando a formar parte de nuestra identidad, nuestros valores y las formas que tenemos de sentir, de actuar y de pensar.

La violencia dentro de las relaciones íntimas, aparece muchas veces como normal en una sociedad que acepta el uso de la violencia para resolver sus conflictos.

Exponernos a la violencia desde muy temprana edad, con mucha regularidad puede conducirnos también a la justificación o al incremento del riesgo de ejercerla.

La violencia en las relaciones muestra a los niños que son parte del amor: el dominio, la sumisión, la inseguridad y la codependencia.


La violencia es aprendida:

La persona que ejerce violencia no actúa por casualidad, ni es un enfermo necesariamente, frecuentemente es una persona sana, que aprendió a pensar que es legítimo imponer por la fuerza su criterio, y que la violencia es una forma normal de hacerlo.


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Actos poéticos, Gestalt, Tanatologia

¿Dónde están tus muebles?

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En el siglo pasado, un turista americano visitó al famoso rabino Chofetz Chaim…

Y se quedó asombrado al ver que la morada del rabino consistía, sencillamente, en una habitación atestada de libros. El único mobiliario lo constituían una cama, una mesa y una banqueta.

– “Rabino, ¿dónde están sus muebles?”, preguntó el turista.

– “¿Dónde están los suyos?”, replicó el rabino.

– “¿Los míos?”, respondió, sorprendido… “pero si yo sólo soy un visitante… estoy aquí de paso”, dijo el americano.

– “Yo también”, dijo el rabino

Psicogerontología, Tanatologia

Claudio Naranjo: la conciencia de la muerte

Si lo que aspiramos es a crear una generación que no necesite de conferencias sobre el morir y la muerte, que respete la naturaleza, que no sea destructiva, una generación completa que no tenga miedos ni negativismos, empecemos por los niños y los ancianos, durante el primer año de vida y preferentemente, durante el último año también, tocar, besar y abrazar a los bebés y cuidar el cuadrante físico. Las sociedades antiguas y primitivas sabían eso. Todas ellas cargaban a sus niños colgados de sí; y tenían un contacto físico total con ellos. Hoy en día, cuando las madres amamantan a sus hijos, no son conscientes de tocarlos, los ponen en la cuna o ponen una almohada debajo del biberón para sostenerlo y así, tener más tiempo para ver televisión.

Las personas ancianas también necesitan ser tocadas, besadas y abrazadas. Practicando el amor incondicional, la vejez deja de ser un atavismo y la muerte un temor.

Muerte, Transición y  Vida

Elisabeth Kübler-Ross

Tanatologia

Emoción y enfermedad

Cada uno de nosotros es su propio clima, determina el color del cielo dentro del universo emocional en el que habita. - Fulton J. Sheen Cada uno de nostros es su propio clima, determina el color del cielo dentro del universo emocional en el que habita. – Fulton J. Sheen

Reacciones como la ansiedad/estrés,depresión/ disforia, hostilidad paranoide/ o ira acompañan a muchos procesos de enfermedad somática, manifestándose ante el diagnóstico o el tratamiento e influyendo en toda la progresión de la enfermedad, sea esta común (inofensiva), aguda, crónica o terminal.

Un ejemplo frecuente de interdependencia entre emociones y enfermedad ha sido observado en las enfermedades cardiacas. De forma general se encuentran correlaciones positivas entre los niveles elevados de ansiedad, depresión y hostilidad a una mayor probabilidad de desarrollar una afección cardiaca, tal como las enfermedades coronarias o el infarto al miocardio (Friedman y DiMatteo, 1984). Se sabe también, que a mayor nivel en intensidad y tiempo en exposición del organismo a emociones ansiógenas, depresógenas o paranoides las probabilidades de cambiar la progresión de la enfermedad, transformándola de transitoria a crónica y de recuperación en recaída (Bennett y Carroll, 1997).

Se ha encontrado también que los pacientes de infarto que se encuentran deprimidos pasan mas tiempo en el hospital, con mayor frecuencia salen de él para entrar en una institución de reposo o de cuidados intensivos, son también los menos motivados para la recuperación después del internamiento y finalmente son quienes menos progresos y menos probabilidades de recuperar la calidad de vida que tenían hasta antes de presentar el ataque (Taylor, 1999).

Lo anterior corrobora, como ha sido señalado por múltiples investigadores que:

“Las emociones excesivas afectan en cualquier circunstancia y aun peores en las situaciones de enfermedad y de su prevención”

Afirmar que las emociones excesivas contribuyen a la circulación exagerada de hormonas en la sangre y al aumento de trombocitos (plaquetas en los vasos) -lo que provoca arteriosclerosis e infarto del miocardio (Markovitz y Matthews, 1991; Wenneberg et al. 1997)- es ir mas lejos en la explicación causal, pues significa que las emociones excesivas son causantes de enfermedad.

Parece no existir hasta ahora un acuerdo definitivo entre ambas posturas. Sin embargo, en ambos casos el profesional de la conducta interviene buscando, junto con el paciente, cambiar las emociones desadaptativas, porque lo hacen sufrir aún más e interfieren en su conducta para prevenir la enfermedad o para adherirse al tratamiento médico. Aquí se focaliza la mayor parte de intervenciones en Psicología de la enfermedad.
Durante el proceso, el enfermo cardiaco aprenderá a relajarse, a mejorar la comunicación con su ambiente y a transformar sus pensamientos negativos.

En el segundo caso, la intervención estará dirigida a trabajar específicamente con las emociones desadaptativas que puedan contribuir como factor causal, directo o indirecto, de surgimiento o recaída en la enfermedad, igual que se hace con otros determinantes concretos como podría ser el consumo de alcohol, la inactividad física o la automedicación.

La tercer área de intervención esta en las emociones desadaptativas que surgen con la enfermedad, donde encuentran un terreno fértil. Donde ya en múltiples investigaciones se ha constatado la aparición de disturbios emocionales en los procesos crónicos, degenerativos y/o discapacitantes.

 

Hablaremos de ellos pronto…

Para más información, se puede consultar:
Joyce-Moniz, L. y Barros, L.(2007): Psicología de la enfermedad para cuidados de la salud (Desarrollo e intervención). Primera Edición. Editorial Manual Moderno: México.