Psicogerontología, Psicología y conflicto

Prevención del maltrato a las personas mayores.

“El maltrato de las personas mayores es una violación de los derechos humanos y una causa importante de lesiones, enfermedades, pérdida de productividad, aislamiento y desesperación.

“Enfrentarse al maltrato de personas mayores y reducirlo requiere un enfoque multisectorial y multidisciplinario.”

Envejecimiento activo, Un marco político. OMS, 2002

“Todas las sociedades, al igual que la nuestra, están envejeciendo. El problema central de esta situación es que las mismas sociedades van alimentando y aceptando actitudes frente al estado de vejez que convierten a la persona mayor un ser tremendamente vulnerable al maltrato y al abuso, en cualquiera de sus manifestaciones”…

CONCEPTUALIZACIÓN:

Shell (1982) define abuso como cualquier acto en el que por comisión u omisión se ocasiona daño al adulto mayor, incluye el área física, psicológica, económica y social.

En inglés se llama catch-all al término que significa: maltrato físico, explotación financiera, descuidos, autonegligencia, olvido en la administración de alimentos, violación de derechos y abusos psicológicos.

DIMENSIONES DEL MALTRATO:

La forma mas evidente de maltrato es el físico, y no por ello menos importantes aunque con frecuencia invisibilizados están:

El maltrato psicológico o emocional en sus modalidades de rechazo, degradación, aislamiento.

La negligencia activa que se manifiesta en el adulto mayor con desnutrición, falta de aseo personal, negación deliberada de asistencia médica, abandono, privación de la libertad o impedir la movilidad física.

Negligencia pasiva u olvido que sucede cuando no se tiene en cuenta para nada al adulto mayor, se le confina en el ultimo rincón del habitat familiar, se olvida de llamarle a comer, hablarle o relacionarse con él.

La negligencia emocional se manifiesta como la falta de respuesta persistente por parte del cuidador a las señales, expresiones emocionales y conductas de búsqueda y proximidad en la relación por parte de la persona mayor. El cuidador se muestra desapegado y falt de implicación e interactúa con el anciano solo cuando es absolutamente imprescindible, sin dar muestras de alegría o satisfacción alguna.

Violencia económica, en la que además de vivir a expensas del adulto mayor, se encuentra obligarle a realizar tareas extenuantes, a practicar la mendicidad o utilizarle para realizar actividades ilegales.

La violación de derechos fundamentales contemplados en las constituciones de cada país, la prohibición de visitas de amigos, impedirle acudir a actos religiosos, violar su correo personal, coaccionarle para emitir su voto en sentido contrario a su ideología, etc…

Violencia medicamentosa que se da con la administración de medicación inadecuada a través de la ingesta de neurolépticos con la intención de que el adulto mayor este siempre tranquilo.

Abuso sexual en distintos grados como son el acoso sexual, los tocamientos, el exhibicionismo y/o la violación.

Aunado a ello, muchas situaciones de maltrato suelen prolongarse si derivan de rencores acumulados durante mucho tiempo. Se ha observado también que muchos ancianos prefieren permanecer en silencio y desarrollan conductas de indefensión aprendida.

CAUSAS DEL MALTRATO HACIA EL ADULTO MAYOR:

Las razones por las que se presenta el maltrato hacia el adulto mayor han sido investigadas desde múltiples perspectivas, usando modelos que ofrecen explicaciones psiquiátricas (estructura patológica del agresor), basadas en los rasgos de personalidad del cuidador, la transmisión intergeneracional del abuso (los cuidadores tratan a los adultos mayores de la misma forma en que fueron tratados por ellos o de acuerdo a lo que vieron en su propia familia respecto de otros adultos mayores), cognición social (expectativas irreales de los cuidadores sobre el adulto mayor, pensar que el maltrato es algo apropiado para generar disciplina, etc…), la calidad de interacción familiar previa, el consumo de sustancias, los altos niveles de estrés en los cuidadores, la desventaja social de la familia y el aislamiento social, los resultados de estas investigaciones explican una parte de la realidad compleja que genera altos niveles de vulnerabilidad en el adulto mayor.

FACTORES DE RIESGO:

Entre los principales factores de riesgo encontrados están: la situación económica precaria, dependencia psicofísica en la víctima, la violencia familiar, pautas de comportamiento cultural, conflictos previos, hacinamiento, inexperiencia del cuidador, estrés, dependencia económica, violencia verbal crónica.

La violencia institucionalizada es un capítulo aparte, autores consultados concuerdan en que el solo hecho de separar al adulto mayor de la familia es ya un acto de violencia y el internamiento por razones de abandono es una condición que difícilmente se supera en soledad. En tanto, la institucionalización se considera en si misma un factor de riesgo, mientras mas grande e impersonal sea la institución y mientras cuente con menos recursos, supervisión y participación de la sociedad.

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PREVENCIÓN DEL MALTRATO:

Juan Muñoz Tortosa (2004) propone diferentes niveles de prevención organizados de acuerdo a la dirección que tienen, distinguiendo así:

PREVENCIÓN INESPECÍFICA: Qué utiliza todas las estrategias de intervención para fortalecer las redes sociales de apoyo, la integración social y la mejor en la calidad de vida, en un complejo proceso entre individuo y colectividad,  para ello destaca:

  1. Animación sociocultural.
  2. Campañas de información y sensibilización.
  3. Actuaciones dirigidas a la mejor ocupación del ocio y tiempo libre.
  4. Actuaciones integrales que favorezcan la coordinación de todos los sistemas de protección social.
  5. Acciones encaminadas a potenciar las relaciones intergeneracionales.

PREVENCIÓN COMUNITARIA ESPECIALIZADA: Integrada por un equipo interdisciplinar compuesto por profesionales de distintas áreas (médico, psicólogo, trabajador social, enfermeros, abogados y voluntarios) realizando intervenciones de manera consensuada, después del análisis global de las situaciones de maltrato (persona mayor, cuidador, familia, entorno, estilo de vida, etc…) en absoluta discreción y anonimato, para satisfacer las necesidades globales de la persona mayor, su entorno y las necesidades que los acompañan.

Los objetivos primordiales de la prevención comunitaria especializada son:

  1. Evitar la aparición de nuevas situaciones de abuso: La intervención esta dirigida a promover el reconocimiento social del adulto mayor creando un clima general de respeto a sus derechos, construyendo actitudes favorables hacia el envejecimiento, reduciendo los efectos negativos de los estereotipos e incluyendo en los contenidos educativos formales temas donde se hable de los cambios que suceden con la edad, las necesidades especiales de los adultos mayores, y este contexto, la realización de actividades que favorezcan la empatía hacia las personas mayores.
  2. Detección precoz de víctimas potenciales: Se dirige hacia víctimas y agresores que se encuentran en procesos definidos de exclusión y necesitan apoyos para la convivencia, escuchar a los cuidadores, diseñar talleres específicos para ellos, integrar a la familia en las actividades de apoyo al adulto mayor, crear la cultura de la denuncia para los casos de maltrato, actividades dirigidas a las personas mayores donde se les informe sobre síntomas de abuso y las alternativas que tienen a la mano para evitarlo.
  3. Trabajo específico con víctimas de abuso: Propone para ello la creación de unidades especializadas de atención del maltrato hacia los mayores, con personal capacitado para atender sus necesidades y evaluar las áreas de atención, favoreciendo el tratamiento específico del conflicto que desencadena el maltrato y las alternativas que impidan nuevas situaciones.
  4. Intervenciones con el agresor: Los agresores de personas mayores suelen presentar caracteristicas muy especificas en la relación con la familia y el contexto en el que se desenvuelven. Altos niveles de frustración social, autoestima baja, estados de ansiedad, comportamientos agresivos, etc… La intervención terapéutica consiste en encaminar al agresor a reconocer sus impulsos y sentimientos cuando cuida a la persona mayor. Reconocer esas emociones le puede llevar a reconocer su situación. Al tiempo se propone entrenar al cuidador para hacer frente a las situaciones de conflicto, la forma de dar órdenes y expresar afecto y la potenciación de conductas no violentas.
  5. Formación de grupos de apoyo: Orientados a compartir experiencias de cuidadores,  familias y  asociaciones especializadas en la atención del adulto mayor.

Este modelo considera además el derecho de las personas mayores a la autodeterminación, basándose en los siguientes principios fundamentales:

  • Todos los adultos tienen derecho a disfrutar de su propia autonomía.
  • Las personas de edad tienen derecho a ser protegidas y a recibir ayuda, los malos tratos perpetrados contra ellas no tienen justificación alguna.
  • Los adultos tienen derecho a decidir libremente,  recibir apoyo y asesoría para tomar decisiones que se adecuen a su situación.
  • Las personas mayores tienen derecho a estar informadas sobre todos los procedimientos, protocolos y mecanismos que les dan derecho a disfrutar de una vida libre de violencia.

Mas información en:

Muñoz T. Juan (2004) : Personas mayores y malos tratos. España: Ediciones Pirámide.

Bienestar Psicológico, Psicogerontología

¿Cómo te gustaría que te cuidaran?

Así como tus partes saben que son partes tuyas, así tú debes saber que somos partes de la humanidad Theodore Sturgeon Así como tus partes saben que son partes tuyas, así tú debes saber que somos partes de la humanidad
Theodore Sturgeon

Cuidar a un anciano, es a la vez una tarea solidaria e ingrata, conmovedora y satisfactoria que exige mucho tiempo. También es cierto que cuidar a una persona próxima o familiar debería ser de las experiencias más dignas y merecedoras de reconocimiento.

Convertirse en cuidador es una actividad que usualmente no está prevista y para la cual no siempre se está preparado.

¿Qué tipos de cuidadores existen?

Cuidador principal: Es la persona encargada de la mayor parte del cuidado del anciano. Suele vivir en el mismo domicilio que el, o muy cerca de éste, y suele tener una relación muy próxima.

Cuidador formal: Es la persona o personas con formación adecuada para cuidar al anciano y que cobran una remuneración por hacerlo.

Cuidador informal: Son aquellas personas que forman parte del entorno familiar y colaboran en mayor o menor medida en la atención al anciano.

Es muy importante como se llega al papel de cuidador, ya que influye en la manera posterior de cuidar y de cómo se sentirá el propio cuidador llevando a cabo la tarea.

¿Cuáles son los derechos del cuidador?

El cuidador tiene derecho a:

• Cuidarse a sí mismo, y esto no es un acto de egoísmo. Hacerlo le ayudará a cuidar mejor al ser querido.

• Buscar ayuda en otras personas pese a que el familiar no quiera o ponga trabas. El cuidador conoce cuáles son sus límites respecto a su nivel de energía y fuerza.

• Mantener otros aspectos de su vida que no incluyan a la persona que cuida, de la misma forma que haría si él o ella estuviera bien. El cuidador sabe que hace todo lo que está a su alcance para esta persona y tiene derecho a hacer cosas sólo para él.

• Enfadarse, estar deprimido y expresar ocasionalmente sentimientos negativos.

• Rechazar cualquier intento de manipulación por parte del ser querido a través de sentimientos de culpa, enfado o depresión.

• Recibir consideración, afecto, perdón y aceptación por todo lo que hace para su familiar, a la vez que él ofrece lo mismo a cambio.

• Estar orgulloso de lo que ha logrado, aplaudir la valentía que en ocasiones ha necesitado para cubrir las necesidades de su ser querido.

• Proteger su individualidad y su derecho a tener una vida propia, en el caso de que su ser querido no le necesite todo el tiempo.

¿Qué hacer ante la sobrecarga?

El estado de ánimo del cuidador influye en la relación que establece con la persona dependiente. Si queremos modificar los sentimientos que pueden resultar perjudiciales, en primer lugar debemos identificarlos de forma clara. Así, el primer paso es siempre,  fomentar el autoreconocimiento de las propias emociones y sentimientos que a menudo pueden ser negativos, pero en suma importantes:

Tristeza

Es frecuente que cuidar a una persona dependiente a nivel físico, psicológico y/o sensorial fomente en el cuidador sentimientos de tristeza y depresión. La intensidad de estos sentimientos puede llegar a influir negativamente en las atenciones que ofrece el cuidador.

Revisar las situaciones que desencadenan tristeza permitirá cambiar o evitar, o bien evaluarlas de nuevo para encontrar aspectos positivos. Aprender a tolerar este tipo de sentimientos, es positivo, aunque intentar combatirlos con sentido del humor, actividades, buscando relaciones sociales,… ayuda mas.

Rabia / irritabilidad

Los cuidadores de personas dependientes con frecuencia experimentan un aumento de irritabilidad, que los hacen parecer constantemente malhumoradas y se enojan con facilidad. Esta reacción pretende liberar tensiones emocionales acumuladas que vienen determinadas por el comportamiento de la persona que se cuida, por la falta de colaboración por parte de otros familiares, por la sensación de impotencia ante la situación, etc.

Es importante saber que se trata de reacciones normales ante situaciones de tales características. Reconocerlas y hablar de ellas con otros familiares y amigos puede ayudar mucho. No obstante, la expresión de estos sentimientos, es mas fácil si se elige el momento adecuado, una vez pasado el episodio que ha desencadenado el enojo, intentando que no pase demasiado tiempo.

Cuando estamos enojados, debemos salir, si es posible, del lugar donde se encuentra el anciano, tomarnos un descanso y reflexionar sobre la situación. La distancia física ayuda a evaluar de nuevo un hecho conflictivo.

Es conveniente revisar si estamos malinterpretando las intenciones de la persona dependiente, revisar si podemos cambiar lo que convierte la situación en algo difícil y estresante, a la vez que asumir lo que es invariable.

Los ejercicios de relajación también pueden servir de ayuda para superar estas situaciones.

Sentimientos de culpa

Aparecen frecuentemente cuando las autoexigencias del cuidador son demasiado elevadas como para poder satisfacerlas.

La culpa se convierte en algo negativo para quien vive con ella, ya que  la carga psíquica se vuelve mas pesada  y consume energía que podríamos dedicar a la persona dependiente.

Cuando no consigue los objetivos autoimpuestos lleva a algunos cuidadores a experimentar culpabilidad al pensar que no se realiza correctamente la tarea de cuidar.

Los sentimientos negativos vinculados con hechos actuales o pasados de la persona que se cuida, no dedicarse tiempo a uno mismo, responsabilizarse de la enfermedad, atribuirse todas las responsabilidades de la atención y descuidar obligaciones familiares pueden ser también otros factores desencadenantes. Identificar estos sentimientos, aceptarlos como normales en la situación que se está viviendo y poder expresarlos a los demás.

Es necesario reflexionar de nuevo la situación y valorar todo el esfuerzo que se ha realizado como cuidador, no concentrándose solo las deficiencias y errores. Ser realistas respecto a las propias capacidades y definir prioridades ayuda a no establecer objetivos desmesurados.

Establecer Límites

Conocer los propios límites en la ayuda que se ofrece a la persona anciana, evitando dar más ayuda de la necesaria a la persona dependiente. El objetivo es contribuir a fortalecer sentimientos de utilidad en el anciano mediante la participación en su propio cuidado, favoreciendo así su independencia.

Existen algunas situaciones expresadas por la persona dependiente que permiten reconocer la necesidad de poner límites:

  1. Culpar al cuidador de su situación personal o de errores que éste comete de forma involuntaria.
  2. Hacer reproches a los cuidadores.
  3. Fingir síntomas para llamar la atención.
  4. Pedir más ayuda de lo imprescindible.
  5. Despertar a los cuidadores durante la noche más de lo necesario.
  6. Rechazar ayudas que facilitan las tareas del cuidador.
  7. Agresividad física hacia el cuidador, etc.

Ante estas demandas de atención desmedidas es importante que el cuidador sepa decir “NO”. Sin sentirse mal ni culpable y acompañar las respuestas con los motivos de nuestra negativa, evitando dar excusas.

Decir “NO ”:

• Escuchando y pidiendo que explique con detalle la demanda, si es necesario, para entenderla bien.

Expresando una respuesta directa y explicando la no necesidad de ayuda.

• Repitiendo la misma respuesta resaltando nuestra amabilidad y proximidad afectiva.

• No evadiendo, no justificándose.

• Verbalizando emociones, pensamientos o comportamientos en primera persona referentes a cómo nos sentimos.

Definiendo alternativas.

Respondiendo efusivamente y mostrando satisfacción por la situación resuelta.

¿Cómo prevenir la sobrecarga?

Cuidándose más uno mismo, buena salud tanto física como psicológica del cuidador significa buena atención a la persona dependiente.

No esperar a sentirse exhausto para preocuparse de su propio bienestar,  éste tiene que ser una prioridad, algo que le dará fuerzas para continuar y le permitirá prevenir sentimientos de soledad y aislamiento.

Algunos aspectos a cuidar son:

Dormir. Las horas de sueño determinan nuestro estado de ánimo y salud. La planificación de las actividades o la participación de otros familiares ayuda mucho, también es posible permitir al cuidador descanso durante algunos momentos en el día.

Hacer ejercicio. Hacer ejercicio físico ayuda a nivel psicológico, aportando beneficios ya que mejora el estado anímico, favorece la relajación y la disminución de la tensión emocional que acumula el cuidador en su día a día. Es muy sano practicar un deporte sistemáticamente, de no ser posible,  se recomienda andar o ir en bicicleta para obtener beneficios importantes en la salud del cuidador.

Salir de casa. En numerosas ocasiones, el cuidador y la persona dependiente comparten domicilio las 24 horas del día. De esta forma, el cuidador difícilmente puede desprenderse de su rol. Es importante buscar la forma en la que la separación física entre los dos se haga efectiva, pese a que sólo sea durante breves intervalos de tiempo. Es necesario buscar alternativas viables que favorezcan salir de casa como por ejemplo, pedir la colaboración de un familiar o amigo, dirigirse a los centros de servicios sociales, asociaciones de voluntarios, servicios de ayuda a domicilio, etc. De esta forma, el cuidador conseguirá evitar la sensación desagradable de vivir atrapado en una situación.

Descansar. Encontrar tiempo para dejar momentáneamente la responsabilidad de atender a la persona dependiente. Practicar algunas técnicas de relajación, pensar en algo agradable o darse un capricho, o incluso pasar un rato en una habitación distinta a la que se encuentra la persona que cuidamos.

Planificación de actividades de atención a la persona dependiente, sin descuidar al resto de la familia.

Diseñar un plan de acción que ayude a tener claras cuáles son las actividades que tenemos que realizar y de qué manera. Esta planificación nos evitará imprevistos y nos ayudará a disponer de tiempo para disfrutar de otras actividades gratificantes.

Los cuidadores necesitan apoyo e información  para poder desarrollar sus actividades con el mayor éxito posible, anticiparse a los problemas y prever situaciones difíciles. Este apoyo procederá de los profesionales u otros apoyos formales, teniendo en cuenta distintos formatos, de los cuales destacamos los siguientes:

Sea realista acerca del posible trastorno y sus efectos, para no crear falsas expectativas. Además, es importante conocer también la situación para poder explicársela a otros familiares o amigos que participen en las atenciones o compartan espacios con la persona cuidada.

Pensar en el futuro

Cuidar a una persona dependiente es una carrera de fondo, que puede afectar muchos ámbitos de la vida durante mucho tiempo, con frecuencia no sabemos hasta cuándo. Prever problemas y situaciones futuras permite anticipar y planificar posibles soluciones.

Para hacerlo, será imprescindible, entre otros aspectos, conocer la evolución de la enfermedad, trastorno o problemática que ha originado la situación de dependencia.

Se recomienda implicar a otros miembros de la familia en un acuerdo explícito que haga referencia a futuras acciones. Familiares, amigos y profesionales pueden aportar otros puntos de vista.

Para acabar, recordemos que cuidar puede convertirse en una experiencia positiva y gratificante. No debemos olvidar que nos puede permitir descubrir capacidades, cualidades o aptitudes de nosotros mismos que hubiera sido difícil descubrir de otra forma.

Además, esta situación nos permitirá establecer una relación más próxima e íntima con la persona que cuidamos.

Otros cuidadores recomiendan también:

Aprender a escuchar
Las personas mayores puede que cuenten la misma historia repetidas veces, todos nos la sabemos de memoria, pero piensa que ellos no tienen muchas nuevas experiencias para contar, por eso se aferran a las fantásticas historias que vivieron cuando eran jóvenes. Asume que las cuentan para no olvidarlas, para sentirse importantes “yo también soy interesante, también tengo buenas historias”

Haz que se sientan útiles
Muchas veces tratamos de que el anciano deje de hacer las tareas del hogar (hacer la cama, preparar la comida, ir a la compra…) porque ya no puede, porque le faltan las fuerzas… Piensa que eso es lo único que lo hace levantarse del sofá, y si se lo quitas, harás que cada vez se mueva menos, ejercite menos su mente y esto producirá un envejecimiento más prematuro. Déjale que tenga sus tareas, sus pequeñas obligaciones. Quizá ya no pueda preparar la comida, pero quizá pueda pelar las patatas y dejártelas listas para que tú prepares el guiso. Quizá no pueda cargar con la ropa y tenderla, y quizá no pueda recogerla, pero ¿puede encargarse de doblarla y separar la que es para planchar? Siempre hay alguna tarea, por sencilla que sea, que les puedes asignar, harás que se sientan útiles y favorecerás que muevan las articulaciones, que estén mentalmente pendientes de esa tarea y eso se notará también en su estado de ánimo.

Llévalos a visitar a los conocidos
Visitar a familiares o amigos que hace tiempo que no ven les traerán buenos recuerdos, compartir una tarde contándose historias de los viejos tiempos les harán sentirse más jóvenes. Cuando un amigo o familiar cae enfermo, les gusta, al igual que a nosotros, estar a su lado y mostrarle al otro que se preocupan por su estado, que no pueden hacer más que acompañarle, pero que están ahí. Está en tu mano permitírselo.

Permítele vivir entre sus cosas
Tanto como sea posible permítele vivir en su casa, dormir en su cama, despertar cada mañana en su habitación… Para tí es más sencillo adaptarte a su vida que para él adaptarse a la tuya. Les gusta rodearse de sus cosas, al igual que a nosotros, les traen recuerdos y les hace sentirse dueños de su entorno.

Envejecer no es fácil
Si no le salen bien las cosas, déjale que se enfade, que patalee. No pierdas la paciencia, háblale de forma calmada y dale tiempo para que se tranquilice. Sentirte envejecer no es fácil, y notar cómo cosas tan sencillas como vestirte ya no eres capaz de hacer, no es fácil de aceptar. Es un camino que hay que ir recorriendo por ambos lados, tú tienes que armarte de paciencia y aceptar que la otra persona está envejeciendo, pero recuerda que el mayor lo vive en su propia piel y está viendo deteriorarse su mente y su cuerpo, seguramente ya se sienta bastante frustrado por ello, no alimentes esta frustración, sino alimenta la aceptación.

Motiva sus intereses
Busca alguna actividad que le guste y motívale a realizarla,  no importa si tú estás de acuerdo con sus creencias o no, no pases sus últimos años discutiendo, simplemente dale el placer de disfrutar todo lo que pueda.

Sé positivo
Trata de ver la parte positiva de las cosas y haz que él o ella también la vea. Dile que le quieres. Cuando haga algo mal no te enfades, piensa que podría haber sido peor. Sonríele siempre, si te ve triste, enfadado o agobiado se sentirá culpable por darte tanto trabajo, evitar estos pensamientos negativos está de tu mano.

Compartir momentos juntos
Piensa que un día ya no estará a tu lado, y echarás de menos hacer muchas cosas con él o con ella, compartir charlas, secretos… Trata de compartir juntos todos los momentos que puedas, recuerda que para tí es más fácil adaptarte que para él.

Ponte en su lugar

 Para ello, tómate tu tiempo, relájate, para un momento tu mundo e imagínate la situación al revés, eres tú el anciano, el enfermo…

¿cómo te gustaría que te trataran? ¿te gustaría que te escucharan? ¿qué te gustaría hacer? ¿cómo podrías sentirte más feliz? Las respuestas a todas las preguntas que tengas se responderán solas.

Psicogerontología, Tanatologia

Claudio Naranjo: la conciencia de la muerte

Si lo que aspiramos es a crear una generación que no necesite de conferencias sobre el morir y la muerte, que respete la naturaleza, que no sea destructiva, una generación completa que no tenga miedos ni negativismos, empecemos por los niños y los ancianos, durante el primer año de vida y preferentemente, durante el último año también, tocar, besar y abrazar a los bebés y cuidar el cuadrante físico. Las sociedades antiguas y primitivas sabían eso. Todas ellas cargaban a sus niños colgados de sí; y tenían un contacto físico total con ellos. Hoy en día, cuando las madres amamantan a sus hijos, no son conscientes de tocarlos, los ponen en la cuna o ponen una almohada debajo del biberón para sostenerlo y así, tener más tiempo para ver televisión.

Las personas ancianas también necesitan ser tocadas, besadas y abrazadas. Practicando el amor incondicional, la vejez deja de ser un atavismo y la muerte un temor.

Muerte, Transición y  Vida

Elisabeth Kübler-Ross

Psicogerontología

Representaciones sociales

Las representaciones sociales son saberes socialmente construidos, que definen, determinan y delimitan las actitudes frente a hechos cotidianos,  participan en la construcción de la subjetividad individual y están relacionados de manera directa con los imaginarios sociales.

El cine como medio de representación y reconstrucción de la realidad cuenta con un lenguaje propio, que permite la creación de ambientes, atmosferas y situaciones que problematizan estructuras de pensamiento y generan transiciones significativas en la construcción de saberes sociales.

Cuando la representación grafica cinematográfica es la actividad erótica y sexual en la vejez, los elementos a analizar hipotéticamente se circunscriben a los estereotipos socialmente construidos, aunque en constante transformación, es ahí donde el análisis de la representación toma importancia relevante, como termómetro y retrato de la realidad social que produce al cine como manifestación artística.

Las preguntas clave se relacionan con los elementos simbólicos, verbales, en la construcción de atmosferas, en el tratamiento que se le da al cuerpo (vestido o desnudo, joven o viejo), al deseo sexual, al amor entre viejos y a la percepción del mismo por parte de los personajes, donde se centran las categorías de análisis y la discusión de los resultados.

¿Tienen los viejos derecho al amor?, ¿Cómo se supone que debería ser el amor entre los ancianos?, ¿Qué determinantes sociales, culturales  o psicológicos influyen en la vinculación amorosa de los ancianos?, ¿Cuál es la estética del cuerpo envejecido?, ¿Cuáles los prejuicios que impiden o controlan su exposición?, ¿Qué lógica siguen los estereotipos?, ¿Existen diferencias entre los ancian@s desde la perspectiva de género respecto al derecho al placer y la sexualidad?.

Psicogerontología, Sexualidad

La construcción social del amor y el sexo entre los añosos

Una forma de discriminación histórica.

El atardecer de una vida también debe tener un significado propio y no ser meramente un triste apéndice del amanecer.CARL G. JUNG.
El atardecer de una vida también debe tener un significado propio y no ser meramente un triste apéndice del amanecer.
CARL G. JUNG.

Desde que fue inventado el amor romántico, como construcción social, el derecho a enamorarse se atribuye solo a cuerpos jóvenes y esbeltos, son los jóvenes, en general,  a quienes se dispensa por “dejarse llevar por el amor”,  fantasear con su llegada e incluso  aspirar a su correspondencia. Al mismo tiempo, es apenas en la segunda mitad del siglo XX, cuando el interés científico ha ido estudiando seriamente  el amor y el sexo entre los añosos, y a la vez, los propios viejos han comenzado a experimentar su momento existencial con una visión activa y positiva, en la que cabe toda forma de relación con sus semejantes.

Hasta hace relativamente poco tiempo, los argumentos de la ciencia predominante, desaconsejaban las relaciones sexuales a los añosos, señalando la probabilidad de morir durante el coito. Sin embargo, un estudio riguroso de Skinner sobre 6.475 casos de muertes atribudias supuestamente al coito encontró que solo 41 casos, es decir, menos del uno por ciento, estaban relacionados de manera clara con el coito. No menos significativo fue el que 39 de esos 41 casos eran relaciones extramatrimoniales, lo que revela cómo no era el acto en sí, sino la excitabilidad debida a la clandestinidad, a lo “pecaminoso” de la situación lo que fue nocivo (Skinner, 1983). Hoy sabemos que el sedentarismo se relaciona mas con la muerte prematura, mientras que el moderado ejercicio y la actividad sexual ayudan a prolongar la vida. Se sabe también que lo definitivamente  grave, e incluso mortal es la discriminación basada en prejuicios que emanan de sociedades opresivas.

Otro producto social es la presencia de apatía sexual como consecuencia de abandono emocional, el temor a la muerte y pensamientos catastrofistas que derivan de la representación sombría, irremediablemente triste y desesperanzadora de la vejez, junto a los intentos fallidos de recuperar años perdidos (Whitaker, 1965)

En el  calendario vital imaginario del viejo no hay tiempo para el erotismo. El amor en la vejez representa peligro,   manifiesta oposición de los hijos, familiares y vecinos, en suma, las construcciones sociales ven antinatural e inadecuado el amor entre los añosos.

En un sistema equitativo, el amor en la vejez no es sólo posible, se identifica además relacionado con la calidad de vida.

Cierto es, que existen muchos factores que afectan las relaciones sexuales con la edad avanzada entre ellos están:

  1. Falta de estimulo sexual provocado por una vida sexual monótona y poco variada.
  2. Creencias negativas respecto de si mismo(a)
  3. Agotamiento físico y/o psíquico que disminuye el interés por el contacto y crea temores hacia el cansancio extra.
  4. Trabajo, jubilación y aspectos económicos .
  5. Cambios en los roles sociales y las preocupaciones derivadas de este.
  6. Viudez: el proceso desencadenado por la pérdida del cónyuge hace evidente y  agrega en ocasiones un periodo prolongado de inactividad sexual.
  7. Enfermedades físicas y mentales: Cualquier enfermedad degenerativa, por diferentes mecanismos, pueden afectar toda la actividad sexual. La Diabetes Mellitus es un ejemplo típico por mecanismos vasculares y neurogénicos pueden producir pérdida de la erección presencia de eyaculación retrógrada por falta de cierre del esfínter vesical durante el orgasmo. Cualquier forma de deterioro cognitivo se relaciona también con cambios significativos en la actividad sexual.
  8. Medicamentos: Antidepresivos tricíclicos, fenotiacinas, agentes bloqueadores colinérgicos, benzodicepinas, narcóticos, inhibidores de la imao,  pueden incrementar las posibilidades de disfunción sexual.
  9. Alcoholismo: Los cambios hormonales y metabólicos que afectan a todo el organismo, y en especial al SNC y periféricos, disminución de la testosterona y ACTH, temblor extrapiramidal, neuritis alcohólica provocan trastorno de la erección en el hombre y deprimen la libido en cualquier edad.
  10. Creencias religiosas: Consideran el sexo como algo pecaminoso con exclusión de su valor reproductivo, que debe ser limitado dentro de estrictas reglas.
  11. Temor al desempeño: El miedo a fallar a no tener erección a no hacer “un buen papel”. En la mujer por temor a que su cuerpo su desempeño no sean del agrado de su compañero.

Es claro que estas “dificultades” para llevar una vida sexual sana no son exclusivas de los añosos, y que muchos jóvenes-maduros presentan alguna de ellas. No es la edad, se trata de salud física y emocional lo que permite una sexualidad plena.

En general, podemos afirmar que un hombre una mujer sanos físicamente y psíquicamente entre 50 y 70 años incluso en edades avanzadas pueden mantener un determinado nivel de actividad sexual.

Otra fuente de puritanismo sexual respecto a los ancianos es la de los estereotipos en una sociedad que tiene una fijación juvenil. Dado el estereotipo de la publicidad de cine y televisión de que la sexualidad sólo existe para y en la gente bella con carne firme y cuerpo ágil, la noción de que las personas mayores gocen de ella, con sus arrugas y blanduras, parece ridículo y después repugnante (Lobsenz, 1975). Aunque no todo esta perdido, hoy  en Hollywood, los cincuenta años es la edad de los galanes, y a pesar de las diferencias de género todavía imperantes. El ser maduro(a) no le convierte en “invisible para el amor”. Parece que seguimos aún muy lejos de alcanzar la pretendida utopía de Yeats, aquella tierra “en la que incluso los viejos son bellos” (Yeats,1996). La propaganda sigue creando la necesidad de que los viejos, no lo parezcan tanto, e implementa tintes, cremas, maquillajes, fajas, cosmética en pleno auge.

Ventajas tenemos, pues ahora la muerte sexual de los mayores, es cuestionada. La sexualidad no se menosprecia como en otras épocas, no predomina la relación del sexo con la reproducción (por lo menos en la expectativa), en otros momentos de la historia no se ponía mucha atención a la sexualidad de los viejos, pues muy pocos llegaban a los 50,  y sus condiciones de salud eran deplorables, en otros momentos de la historia era virtualmente imposible que las mujeres viudas contrajeran nuevas nupcias y las parejas de añosos debían mantener ayuno sexual para evitarse el pecado.

Psicogerontología

¿Envejecimiento posmoderno?

  
 Muchos jóvenes, al hablar de envejecimiento, mantienen perspectivas sombrías atribuyendo a la senectud un estado de existencia marginal. La sola idea de envejecer, supone en el imaginario la pérdida de energía, control, flexibilidad, sexualidad, movilidad física, memoria y hasta inteligencia.

Los ancianos son objeto de estereotipos que dificultan ver esta etapa del desarrollo humano con objetividad y entender su diversidad. El punto mas complicado sucede, cuando los estereotipos  llegan incluso a convertirse en políticas y en actitudes generalizadas que desalientan la participación activa de los viejos en la vida social.

Se llama ancianismo a la actitud de indiferencia y olvido que atribuye a la senectud un destino ignominioso y que deriva además en atribuir estereotipos positivos a los jóvenes y negativos a los ancianos.

Es un error generalizar a partir de unos cuantos.

Los estereotipos negativos hacia los viejos solo inducen temor al envejecimiento e influyen poderosamente en la forma en que los primeros se autodefinen. Pero ¿Cómo ha llegado el mundo posmoderno a esta idea?.

La palabra vejez viene de la voz latina vetus que se deriva de la raíz griega etos que significa “años”, “añejo”. En general, la vejez suele ser reconocida por la mayoría de nosotros a partir del tiempo acumulado, como un signo del tiempo transcurrido, independientemente de la interpretación que cada grupo o cultura haga de tal signo, es decir, del significado con el que se relaciona esta edad en función de un momento histórico determinado.

En el mundo antiguo, tanto en Egipto como en China, la vejez fue considerada como parte importante de la comunidad, los viejos estaban ligados a la divinidad, la ética, la política, la familia y la sabiduría. Si recordamos a las culturas más antiguas, como en Mesoamérica, tanto los Mayas como los Aztecas y también, en otras latitudes, los Incas, otorgaban a los viejos un papel importante relacionado con aspectos mitológicos y proféticos, literarios, religiosos y filosóficos, considerados sujetos de sabiduría, de experiencia ligada al tiempo y la vida humana (García, 2003).

En la Antigua Grecia, la percepción fue distinta, puesto que la vejez fue vista como algo indeseable. García (2003) señala que para la mitología griega fue vista como un episodio aberrante y doloroso para los seres humanos. Dioses y héroes mostraban fuerza y juventud como características principales.

La revolución industrial tuvo una influencia importante en la desaparición parcial del papel de los viejos. Los talleres y empresas familiares fueron desapareciendo poco a poco en contraposición al crecimiento de la industria. Sucedió entonces que las familias se reorganizaron y aparecieron los “desocupados”, una nueva dimensión para conceptuar a los viejos que los coloco en situación de dependencia.

Blanck-Cereijido (1999) señala que para fines del siglo XX, varias circunstancias dieron inicio a un proceso de estratificación social por edades y la edad se fue transformando en un mecanismo para determinar el acceso a ciertas posiciones y pasó a funcionar como un método para integrar a una persona a múltiples papeles y responsabilidades. La sociedad se organiza en torno a los jóvenes.

Y cuando los conocimientos acumulados comenzaron a perder su valor, cuando se especializaron los métodos de trabajo y de vida, la experiencia de la vejez perdió importancia en relación al conocimiento de los jóvenes. Y el papel de los viejos queda suscrito al confinamiento, en la familia o la institución, a depender de los hijos y con pocas probabilidades de reconocimiento.

La vejez como concepto que pretende ser sistematizado es relativamente nuevo, es apenas en el siglo XX cuando nace la gerontología y se realizan los primeros intentos de comprender el envejecimiento. Existen de inicio tres perspectivas de la vejez:

1) La biológica. Incluye una definición de la vejez desde: a).- Un patrón de referencia cronológica y b).- La serie de cambios morfofuncionales que declinan con el envejecimiento (García, 2003).

2) La psicológica.  Donde se estudian los cambios en los procesos psicológicos básicos, y el desarrollo que estos presentan, dimensión que podríamos llamar psico- biológica; y, segunda, la que refiere al estudio de la personalidad y sus cambios, que denominamos psicológica estructural.

3) La social. Esta dimensión parte del estudio de: la sociodemografía, que se refiere al crecimiento poblacional y sus efectos endógenos y exógenos; la sociopolítica, que implica el nivel de participación y de integración social de los viejos, y; la económica política, que incluye el estudio de los recursos y condiciones socioeconómicas de las personas en la vejez.

La vejez es al mismo tiempo proceso y producto.

Es decir, que no hay que hacer la distinción entre envejecimiento, cuya connotación se ha centrado principalmente en el ámbito biológico, sino asumir que la vejez implica ambas dimensiones. Si es vista como un concepto del campo construccionista, como el de las representaciones sociales, no puede más que asumirse una realidad dialéctica y relativa. Tanto producto como proceso constituyen dimensiones cambiantes y dinámicas de una misma situación: la vejez.

La vejez es una situación del ser humano

Expresada a través de la edad, en la que se sitúan una serie de cambios psicosociales y físicos. Estos cambios son también relativos a las características en que la situación se presenta a nivel personal, en función de la cultura y de las especificaciones orgánicas. Lo importante es resaltar que, como situación, la vejez no es una experiencia individual, sino social. Los cambios biológicos solamente toman sentido en función de una sociedad determinada. En esta, en la capitalista, la lentitud, la pérdida de memoria, el cansancio, la pérdida del oído o del gusto, son construcciones sociales en un contexto de competitividad. La vejez es una situación social.

La edad es relativa

Desde el punto de vista causal y cronológico, no a los cambios biológicos exclusivamente, sino también a las percepciones y representaciones que se le atribuyen. Las personas pueden tener 70 años y no sentirse viejas o tener 30 y sentirse en esta edad. Es por ello que la vejez nunca ha podido ubicarse de forma certera a nivel biológico. Es muy difícil afirmar actualmente que una persona “envejece” por una programación genética o por deterioro celular. En cada persona se presenta de forma distinta y esto hace que los biológico sea solo un factor que puede afectar.

El discurso del envejecimiento nace de las relaciones en una cultura dada en un tiempo dado.

La vejez tiene implicaciones psicosociales y biológicas

Que no dependen del sujeto que está situado en esta edad, sino de los cambios culturales y tecnológicos que enfrenta la sociedad en la que se vive.

El estudio de  la vejez, por tanto,  debe considerar una perspectiva teórica que reflexione sobre el papel que tiene la interacción social en la construcción de la vejez y en la conformación de nuestras concepciones sobre este y otros fenómenos. Pero también, debe considerar el papel histórico y social que tiene cualquier fenómeno a estudiarse, en este caso, la vejez, y reconocer que nuestras concepciones y representaciones sociales sobre estos fenómenos están mediadas por el cambio histórico y social.

Aquí surge entonces la necesidad de generar nuevos conocimientos desde especialidades como la Psicogerontología.-  que surge de: “Psico”, del griego ψυχή, alma o actividad mental, “Gero” Anciano “Logos” Estudio.
Es la rama de de la Psicología que se encarga de la atención y cuidados ya sea preventivo o de intervención del adulto mayor, en esta etapa de transición y le ayuda a afrontar los cambios que acontecen en su contexto, social, familiar y afectivo.
Y en apoyo interdisciplinario trabaja en conjunto con la geriatría y la gerontología.
Aquí se prepara un nuevo espacio de aprendizaje, ¿Cómo será envejecer en el siglo XXI? y hablo de ese siglo donde a muchos nos tocará envejecer (si tenemos suerte y los años por venir nos favorecen con la conservación de la vida.