Bienestar Psicológico, niños, Psicología y conflicto

Un cuento sobre hielo:

Si quieres construir un barco.
No reúnas hombres para recoger leña o dividas el trabajo y des órdenes.
En cambio, enséñales a anhelar el vasto e interminable mar.

– Antoine de Saint-Exupéry, The Wisdom of the Sands

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Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de repente, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua.

La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que la única opción que había para salvarlo era romper la capa que lo cubría. Así el niño que estaba sobre el hielo, comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas.

Golpeó, golpeó y golpeó hasta que logró abrir una grieta lo suficientemente grande para meter el brazo, tomar fuertemente a su compañero y salvarlo.

Pocos minutos después, avisados por los vecinos que escucharon los gritos de socorro, llegaron los bomberos. Cuando ambos niños, ya a salvo les comentaron lo ocurrido, se sorprendieron totalmente y no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.

-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, dijeron algunos, es imposible, no tiene la fuerza suficiente dijeron otros especialistas en la zona, ¿cómo ha podido conseguirlo? se preguntaron todos.

Entre las personas que acudieron había un hombre de mucha edad que estaba por los alrededores, y al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos: -Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.

-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.

Bienestar Psicológico, familia, niños, Relaciones

Carta a una hija

Antes de morir hija mia, quisiera estar seguro de haberte enseñado…
A disfrutar del amor,
a confiar en tu fuerza,
a enfrentar tus miedos,
a entusiasmarte con la vida,
a pedir ayuda cuando la necesites,
a permitir que te consuelen cuando sufres,
a tomar tus propias decisiones,
a hacer valer tus elecciones,
a ser amiga de ti misma,
a no tenerle miedo al ridículo,
a darte cuenta de que mereces ser querida,
a hablar a los demás amorosamente,
a decir o callar según tu conveniencia,
a quedarte con el crédito por tus logros,
a amar y cuidar la pequeña niña que hay en tí,
a superar la adiccion a la aprobación de los demás,
a no absorber las responsabilidades de todos,
a ser consciente de tus sentimientos y actuar en consecuencia,
a no perseqguir el aplauso sino tu satisfacción con lo hecho,
a dar porque quieres, nunca porque lo creas tu obligación,
a exigir que se te pague adecuadamente por tu trabajo,
a aceptar tus limitaciones y tu vulnerabilidad sin enojo,
a no imponer tu creterio ni permitir que te impongan el de otros,
a decir que sí, sólo cuando quieras y decir que no sin culpa,
a vivir en el presente y no tener expectativas,
a tomar más riesgos,
a aceptar el cambio y revisar tus creencias,
a trabajar para sanar tus heridas viejas y actuales,
a tratar y exigir ser tratada con respeto,
a llenar primero tu copa y justo después la de los demás,
a planear para el futuro pero no vivir en él,
a valorar tu intuición,
a celebrar las diferencias entre los sexos,
a desarrollar las relacciones sanas y de apoyo mutuo,
a hacer de la comprensión y el perdón tus prioridades,
a aceptarte como eres,
a no mirar atrás para ver quien te sigue,
a crecer aprendiendo de los desencuentros y de los fracasos,
a permitirte reir a carcajadas por la calle sin ninguna razón,
a no idolatrar a nadie, y a mí… menos que a nadie.

Jorge Bucay

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Bienestar Psicológico, familia, niños, Relaciones

¿Hablar de la muerte a los niños?

“Quizás deberíamos empezar a diferenciar que hablar de la muerte no es morirse”
Alba Payás.

El “duelo” es una reacción adaptativa natural ante cualquier tipo de pérdida, aunque puede ser más intenso tras el fallecimiento de un ser querido. Es un acontecimiento vital estresante de gran magnitud. No es un sentimiento único, sino más bien un entramado complejo de sentimientos que precisan un cierto tiempo para ser asimilados. (Goner, 1965, Bowlby, 1980).
Cuando fallece un ser querido se altera el equilibrio del sistema familiar y la consiguiente adaptación a la pérdida supone una reorganización, a corto y a largo plazo, en la que las etapas de duelo familiares e individuales se influyen recíprocamente.
Una parte importante del sistema familiar son los niños, a quienes cotidianamente se les ha mantenido alejados del conocimiento de lo que la muerte significa, pensando en “que no sufran” y ante esta circunstancia de pérdida familiar, nos encontramos en el conflicto de explicar.

Nadie puede decir que sabe mucho sobre la vida, si su sabiduría
no incluye una relación con la muerte.

¿CÓMO VIVE UN NIÑO EL DUELO?

Hablar con un niño de lo que es la muerte es difícil y plantea muchas dudas sobre cuál es la forma mas sana de hacerlo. A veces decidimos no contarles nada para protegerles o para evitarles sufrimiento. Sin embargo, aunque el niño no tenga aún el desarrollo cognitivo para entender lo que es la muerte, sí que es capaz de darse cuenta de los aspectos fundamentales de ésta, y de que algo malo ocurre en su familia, porque mira a la gente triste, o que se calla cuando él aparece, y escucha frases fuera de contexto que no sabe interpretar… Es por lo que es recomendable hacer el esfuerzo de informarles sobre lo que está sucediendo siempre adaptándonos a su capacidad de comprensión. De esta manera es posible disminuir la ansiedad del niño porque ya sabe qué sucede y se reforzarán los lazos al compartir con ellos estos momentos.
A la hora de explicar a un niño qué ha sucedido es imprescindible tener en cuenta una serie de factores que influyen en su forma de ver y entender lo que es la muerte y el duelo. Los más importantes (y que no debemos olvidar cuando hablemos con ellos) son los siguientes:

1. La edad en el momento de la pérdida. Como el niño no es capaz de entender el concepto de muerte y lo que ésta implica (tal y como lo entienden los adultos) hasta los 9 años, es fundamental saber como ven los niños la muerte dependiendo de la edad.

2. Relación del niño con la persona que ha perdido. Cuanto más unido estuviese el niño a esa persona, más doloroso y difícil será para él enfrentar que ya no va a estar con esa persona.

3. La forma en que falleció esa persona querida. Cuando una persona está enferma su muerte es más fácil de entender para el niño que ha visto como poco a poco estaba más débil. Hubo tiempo de adaptarse a la idea de que podía morir y despedirse de ella. Sin embargo, en la muerte repentina, cuesta más de asumir por lo inesperado.

4. La sensibilidad y atención que los miembros de la familia presta ante los sentimientos y necesidades del niño. Será más fácil entender y enfrentar la pérdida para un niño si sigue sintiendo cariño y afecto por parte de su familia. Es importante que el niño exprese sus sentimientos libremente; se ayuda mucho al niño si el resto de la familia no esconde lo que está sintiendo por la muerte de esa persona.

5. Los niños van a actuar ante la pérdida de la forma en la que vean a la familia comportarse, seremos su ejemplo, ya que nunca lo han enfrentado y no saben lo que se tiene que hacer. Ellos llorarán si ven que eso es lo que se tiene que hacer y dirán que están tristes si observan que hablamos de nuestros sentimientos.

6. La edad del niño en la forma de entender la pérdida:
De 0 a 2 años.
Existe total incomprensión e indiferencia hacia la muerte. Aún no se desarrolla el pensamiento y el niño no puede entender el concepto de muerte. Pero sí son sensibles a los cambios que esta produce en sus rutinas (dormir en otra casa , no ser alimentado por la madre, etc.) y responden a ello, no durmiendo, llorando más de lo habitual, negándose a comer, etc.
De 2 a 5 años.
Aún no saben que la muerte es irreversible, definitiva y permanente, que es algo que afecta a todos los seres vivos y que supone el fin de las funciones vitales (respirar, moverse, comer). Para ellos es un estado temporal, que se puede hacer marcha atrás, y hacen preguntas como: ¿Cuándo va a volver?. En estas edades, su capacidad de separar la realidad de la ficción no está muy desarrollada y los dibujos animados pueden influir en el pensamiento de que esa persona volverá.
En estas edades pueden relacionar la muerte con no moverse y tener los ojos cerrados, pero no con el fin de las funciones vitales (respirar, comer).
En atas edades aparecen sentimientos de culpabilidad, por atribuirse a ellos mismos la muerte, por haber tenido algún pensamiento malo o por una acción mala.
De 6 a 9 años.
A partir de los 6 años los niños desarrollan un concepto más realista de la muerte: distinguen entre estar vivo y estar muerto. Empiezan a entender que es un proceso natural, definitivo e irreversible. También empieza a evolucionar el concepto de muerte como un fenómeno universal e inevitable.
De 9 a 12 años.
A esta edad la muerte es un concepto aproximado al que tiene el adulto, es universal, inevitable e irreversible. Comprenden las causas biológicas que las causan, y empiezan a ser conscientes de su propia muerte.

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7. ¿Cómo comunicar el fallecimiento a un niño?
Cuando vayamos a dar la noticia de la muerte de un ser querido lo recomendable es que lo haga el familiar más cercano, o un adulto de confianza y querido por el niño. Es importante informar al niño lo antes posible. Una vez pasados los primeros momentos, los más dolorosos y dramáticos, es aconsejable buscar un lugar tranquilo para decírselo al niño. Cuando hablemos con el niño tenemos que emplear un lenguaje sencillo y claro, sin utilizar frases hechas (por ejemplo: se ha ido a hacer un viaje muy largo, se ha quedado dormido). Podemos decir algo así: ha sucedido algo muy triste, tu abuelito/tu mamá/tu hermanito/… ha muerto. Y ya no estará más con nosotros. Es importante que quede claro que esa persona NO VOLVERÁ, para que no creemos falsas expectativas.
Es conveniente dar una explicación, especialmente si son ellos quienes la piden. Una pregunta frecuente es: ¿Por qué se ha muerto?. Es valido decir que nosotros tampoco lo sabemos, que eso es algo natural, y que nos pasará a todos con el tiempo. Es importante hacer un esfuerzo por explicar, que ellos EN NINGÚN CASO son culpables del fallecimiento de esa persona y contarles las causas del fallecimiento.

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Aspectos a tener en cuenta cuando vamos a comunicar la pérdida de un ser querido:

Los niños nos van a hacer muchas preguntas para entender lo que ha pasado. Es mejor NO mentir y, si no sabemos algo, ser honestos y decir “no lo sé”.
Hablemos claro para que los niños no se sientan confusos ante lo que ha ocurrido y lo que sucederá después. Una manera sana de entender la muerte es saber que ésta forma parte del ciclo de la vida de todos los seres vivos, incluido el de las personas.
La pérdida de un ser querido desencadena una serie de sentimientos normales, y es natural mostrarlos en estos momentos tan dolorosos. La muerte está provocada por unas causas, y es bueno que los niños/as lo comprendan para que puedan tener un concepto más exacto de lo que es la muerte.
Es bueno que los niños/as tomen la iniciativa de hablar sobre la muerte. Muchas veces sus preguntas pueden asombrarnos. Pueden preguntar detalles que no habíamos pensado que nos preguntarían. Sólo intentan saciar su curiosidad y es una buena oportunidad para demostrarles que pueden preguntar lo que quieran, que no vamos a regañarles.

¿Deben ir al velatorio y/o al funeral?

En ningún caso es obligatorio que los niños participen en los funerales. Cada familia debe decidirlo, siempre tendremos que escuchar lo que el niño desee y respetar su decisión expresándoselo verbalmente “me parece muy bien lo que has decidido”, ya sea acudir o no.
En caso de solicitar acudir es conveniente que le expliquemos y describamos el lugar donde está, cómo se va encontrar a las personas que allí estén, cuánto tiempo estarán, en qué consiste el funeral, etc. Es conveniente asimismo avisar a los familiares que vamos a ir con los niños.
En caso de no acudir es importante realizar con él un ritual, por ejemplo, llevar flores al lugar donde ha sido enterrado o donde se han esparcido sus cenizas. En ese momento podemos recordar cosas buenas que el niño hacía con la persona fallecida, y expresar lo mucho que se le echa de menos y la tristeza que produce.
Mantenerse física y emocionalmente cerca del niño. Permitirle estar cerca, sentarse a su lado, sostenerlo en brazos, abrazarlo, escucharle, llorar con él, permitirle ver el cadáver si él quiere, pero siempre acompañado de un familiar o persona cercana. Antes de que vea el cadáver, explicarle dónde estará, que aspecto tendrá.

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Worden JW. El tratamiento en el duelo. Barcelona: Paidós; 1997.
Guía Clínica. Seguimiento del duelo en Cuidados Paliativos
Carmen López de Ayala García; Teresa Galea Martín; Rocío Campos Méndez
Observatorio Regional de Cuidados Paliativos de Extremadura (Junta de Extremadura, Servicio Extremeño de Salud – FundeSalud)
Magdalena Pérez Trenado: EL PROCESO DE DUELO Y LA FAMILIA, Centro iluntze, Diciembre 2010
• Slaikeu, K.A. (1984). “Intervención en crisis”. Ed. El Manual Moderno. México.
• White, M (1994). “Guías para una Terapia Familiar Sistémica”. Barcelona. Ed. Gedisa.
• Bowlby, J.: “La pérdida afectiva”. Ed. Paidós. 1980