Bienestar Psicológico, Sexualidad

ENTRE LA EDUCACIÓN COMO VALOR Y LA ÉTICA DE LA LIBERTAD COMO DESTINO

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(REFLEXIONES EN TORNO A

FERNANDO SAVATER)

 

Nacemos humanos pero eso no basta: tenemos también que llegar a serlo. ¡Y se da por supuesto que también podemos fracasar en el intento o rechazar la ocasión misma de intentarlo! Pág. 21.

Fernando Savater, filosofo español, controvertido siempre, criticado severamente por algunos y aceptado como ícono de la ética de la libertad por otros, entre las múltiples obras escritas destacan dos: Ética para Amador y El valor de educar, mismas que serán objeto de análisis en el presente ensayo el cual pretende vincular la ética de la libertad y la educación como valor humano que nos permite ser más civilizados, para ello me he planteado algunas preguntas alrededor de las cuales pretendo reflexionar usando como base las opiniones de Savater.

¿Qué significa educar?

Iniciaré mi reflexión exponiendo los significados establecidos para la palabra educar:

Analicemos ahora la definición propuesta por Savater  la cual resulta significativa pues considera que: “En cualquier educación, por  mala que sea, hay suficientes aspectos positivos como para despertar en quien la ha recibido el deseo de hacerlo mejor con aquellos de los que luego será responsable (pág. 12) algunas páginas adelante el mismo autor señala: … educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender y en el deseo de saber que la anima, en que hay cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias, hechos…) que pueden ser sabidos y que merecen serlo, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento (pág. 18).

Cuantas formas de educar podemos plantearnos para la reflexión: El proceso educativo puede ser informal (a través de los padres o de cualquier adulto dispuesto a dar lecciones) o formal, es decir efectuado por una persona o grupo de personas socialmente designadas para ello (pág. 27).

En términos elementales la educación es el acuñamiento  efectivo de lo humano allí donde solo existe como posibilidad… Por supuesto se trata de una forma de condicionamiento pero no pone fin a cualquier prístina libertad originaria sino que posibilita precisamente la eclosión eficaz de los que humanamente llamamos libertad (pág. 29). El mismo autor en su ética para Amador expone:

Saber lo que nos conviene, es decir: distinguir entre los bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir –todos sin excepción- por la cuenta que nos trae (pág. 21).

Las definiciones expuestas plantean una lectura interesante del acto de educar, particularmente porque abren la posibilidad de incluir a todos los actores que en el participan, individuos y sociedades son capaces de educar. Y ya que hemos considerado que para ejercer el acto de educar no es necesario ser profesor titulado, hablemos de la utilidad del proceso.

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¿Para qué educar?

… no soy amigo de convertir la reflexión en lamento. Mi actitud, nada original desde los estoicos, es contraria a la queja: si lo que nos ofende o preocupa es remediable debemos poner manos a la obra, y si no lo es resulta ocioso deplorarlo, porque este mundo carece de libro de reclamaciones (pág. 17).

 

El objetivo de la educación es aprender a respetar por alegre interés vital lo que comenzamos respetando por una u otra forma de temor. Pero no podemos abolir el miedo del comienzo del aprendizaje y es ese miedo primero, controlado por la autoridad paternal, el que nos vacunará para que no tengamos mas tarde que estrellarnos contra terrores frente a los que no estaremos preparados, señala el autor en la pág. 65 de su valor de educar.

Este objetivo general puede dividirse en varios específicos, señalados también por el autor en otras partes de su obra:

El primer objetivo de la educación consiste en hacernos conscientes de la realidad de nuestros semejantes (…) lo cual no equivale simplemente a la destreza estratégica de prevenir sus reacciones y adelantarnos a ellas para condicionarlas en nuestro beneficio, sino que implica ante todo atribuirles estados mentales como los nuestros y de los que depende la propia calidad de los nuestros.

Lo anterior considero es la aportación más significativa de la obra: considerar “sujetos y no meros objetos, protagonistas de su vida y no meros comparsas vacíos de la nuestra (pág. 34)”. Nadie es sujeto en la soledad y el aislamiento, sino que siempre se es sujeto entre sujetos: el sentido de la vida humana no es un monologo que proviene del intercambio de sentidos,… la educación es la revelación de los demás, de la condición humana como un concierto de complicidades irremediables (pág. 35). Más adelante se plantea textualmente “Por vía de la educación no nacemos al mundo sino al tiempo: nos vemos cargados de símbolos y de famas pretéritas, de amenazas, de esperanzas venideras siempre populosas, entre las que se escurrirá apenas el agobiado presente personal (pág. 39).”

La función de la enseñanza esta tan esencialmente enraizada en la condición humana que resulta obligado admitir que cualquiera puede enseñar… (pág. 41)… Oliver Reboul, en su filosofía de la educación, sostiene que “educar no es fabricar adultos según un modelo sino liberar en cada hombre lo que le impide ser el mismo, permitirle realizarse según su genio singular” (pág. 96).

Esta es la segunda aportación sustancial al proceso de educar, educamos sujetos no objetos receptores, contenidos implícitos e implícitos son capaces de hacer la diferencia entre cumplir con aprobar una lista de materias para recibir un documento que acredita capacidades y convertirse en ser humano dentro de una sociedad que pretende evolucionar hacia la universalidad.

Esto determina algunas razones por las cuales no todos aprendemos los mismos contenidos al mismo ritmo, la singularidad del aprendizaje está sustentada en la necesidad de considerar los procesos que intervienen en el, posibilitando o dificultando la educación, iniciaremos con los primeros.

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¿Qué procesos posibilitan la educación?

… para rentabilizar de modo pedagógicamente estimulante lo que una sabe hay que comprender también lo que otro no lo sabe… y que consideramos deseable que lo sepa (pág. 26).

Empecemos analizando un proceso que los antropólogos llaman neotenia: “quiere indicar que los humanos nacemos aparentemente demasiado pronto, sin cuajar del todo… Todos los nacimientos humanos son en cierto modo prematuros: nacemos demasiado pequeños hasta para ser crías de mamífero respetable (Pág. 23).

Neotenia significa pues “plasticidad o disponibilidad juvenil” (los pedagogos hablan de educabilidad) pero también implica una trama de relaciones necesarias con otros seres humanos. El niño pasa por dos gestaciones: la primera en el útero materno según determinismos biológicos y la segunda en la matriz social en que se cría, sometido a variadísimas determinaciones simbólicas –el lenguaje la primera de todas- y a usos rituales y técnicos propios de su cultura. La posibilidad de ser humano solo se realiza efectivamente por medio de los demás, de los semejantes, es decir de todos aquellos a los que el niño hará enseguida todo lo posible por parecerse pág. 24-25.

Desde esta perspectiva existen tantos ambientes educativos como posibilidades tiene la sociedad de expresarse, la escuela como institución imparte solamente un tipo de educación institucionalizada, sin embargo a la educación de tipo informal puede accederse desde cualquier ámbito.

Que lo anterior resulte un hecho incontrovertible, no significa que todos los contenidos a los que el individuo se encuentre expuesto necesariamente le forman como ser humano, aquí la pregunta se vincula con establecer algún criterio que permita dilucidar formas de educar, considerando que el objetivo inicial de la educación es convertir al individuo en ser social.

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¿Cómo educar?

De hecho, por medio de los estímulos de placer o de dolor; prácticamente todo en la sociedad humana tiene una intención decididamente pedagógica (pág. 25).

 

Consideremos la premisa básica de la que parte Savater: “El ser humano consiste en la vocación de compartir lo que ya sabemos entre todos enseñando a los recién llegados al grupo cuanto deben conocer parar hacerse socialmente válidos (pág. 27)… del comercio intersubjetivo con los semejantes aprendemos significados. Y también todo el debate y la negociación interpersonal que establece la vigencia siempre movediza de los significados. Y también todo el debate y la negociación interpersonal que establece la vigencia siempre movediza de los significados. La vida humana consiste en habitar un mundo en el que las cosas no solo son lo que son sino también significan; pero lo mas humano de todo es comprender que, si bien lo que sea la realidad no depende de nosotros, lo que la realidad significa si resulta competencia, problema y en cierta medida opción nuestra (pág. 31).

Algunos requerimientos importantes para lograr la disposición  necesaria hacia la educación son referidos por el autor citando a Juan Delval: “una persona capaz de pensar, tomar decisiones, de buscar la información relevante que necesita, de relacionarse positivamente con los demás y cooperar con ellos, es mucho mas polivalente y tiene más posibilidades de adaptación que el que solo posee una formación específica”… (pág. 51)

Otra perspectiva es planteada por Durkheim, en su Historia de la educación le trata con poco cariño “la mayoría necesita ante todo vivir; y lo que se necesita para vivir no es saber hablar con arte, es saber pensar correctamente, de forma que se sepa actuar: para luchar eficazmente contra las cosas y contra los hombres se necesitan armas solidas y no esos brillantes ornamentos con los que los pedagogos humanistas tan ocupados están adornando la mente” (pág. 131). Este argumento contrapuesto con el humanismo induce a la reflexión respecto a los fines del humanismo dentro de curriculum.

Savater comunica también una propuesta para inducir los procesos que conducen a la educación en sentido amplio: “La sensibilidad narrativa es ante todo una sensibilidad literaria: básicamente se aprende leyendo, aunque haya otras importantes formas de narración como la educación tampoco debe descuidar como la cinematográfica. Pero leer es siempre en sí misma una actividad intelectual, un esbozo de pensamiento, algo más activamente mental que ver imágenes: después de la palabra oral, la voz escrita es el más potente tónico para el crecimiento intelectual que se ha inventado (pág. 141).”

Significativa la relación entre la lectura y el nivel de análisis, la capacidad de síntesis y la actividad intelectual que se relaciona con el pensamiento.

Aprender a leer y a escribir es una de las tareas fundamentales de la universidad, es una realidad indiscutible, aquí será relevante además los contenidos. Resulta imperativo entonces preguntarse lo siguiente:

¿Qué debe enseñarse?

No es lo mismo procesar información que comprender significados (pág. 32).

En primer término, la escuela debe enseñar capacidades, al respecto Savater parafraseando a John Passmore establece la diferencia entre capacidades abiertas y cerradas… se denominan cerradas algunas estrictamente funcionales –como andar, vestirse o lavarse- y otras más sofisticadas como leer, escribir, realizar cálculos matemáticos… cuando alguien llega a saber ponerlas en práctica, conoce cuanto hay que saber respecto a ellas y no cabe más progreso o virtuosismo importante en su ejercicio posterior. Las segundas se consideran patrimonio institucionalizado, mientras las primeras pueden son adquiridas por lo general de manera informal.

Las capacidades abiertas en cambio son de dominio gradual y en cierto modo infinito. Algunas son elementales y universales, como hablar o razonar, y otras sin duda optativas, como escribir poesía, pintar o componer música… pero su característica es que nunca pueden ser dominadas de forma perfecta, que su pleno dominio jamás se alcanza, que cada individuo desarrolla interminablemente su conocimiento de ellas… (pág. 49).

Savater realiza aquí una acotación significativa respecto a la enseñanza de valores como el amor y la libertad y es en Ética para Amador que vincula la educación con la transformación de la conciencia a partir de la libertad, cito:

Conviene hacer dos aclaraciones respecto a la libertad (pág. 28).

Primera: no somos libres de elegir lo que nos pasa (…) sino libres de responder a lo que nos pasa de tal o cual modo (…).

Segunda: ser libres para intentar algo no tiene nada que ver con lograrlo indefectiblemente. No es lo mismo la libertad (que consiste en elegir dentro de lo posible) que la omnipotencia (que sería conseguir siempre lo que uno quiere, aunque pareciese imposible). Por ello, cuanta mas capacidad de acción tengamos, mejores resultados podremos obtener de nuestra libertad.

… la libertad de la que estamos hablando no es un a priori ontológico de la condición humana sino un logro de nuestra integración social. A ello apuntaba Hegel, cuando estableció que “ser libre no es nada, devenir libre lo es todo”. No partimos de la libertad, sino que llegamos a ella. Ser libre es liberarse: de la ignorancia prístina, del exclusivo determinismo genético moldeado según nuestro entorno natural y/o social, de apetitos e impulsos instintivos que la convivencia enseña a controlar (pág. 93).

Otra habilidad que debería enseñarse expone Savater citando a Michel Meyer –autor de un estudio precisamente titulado la insolencia, que dedica especial atención al papel social de los intelectuales en la historia-, “la insolencia no es más que la capacidad de interrogación del hombre en ejercicio de su libertad, una capacidad enfocada hacia los demás, hacia lo social hacia lo preexistente, con lo que hay que saber vivir y a lo que forzosamente no hay que adherirse”. La capacidad de vivir en el conflicto de forma civilizada pero no dócil es una señal de salud mental y social, no de agresividad destructiva (pág. 110). Desde esta lógica el conocimiento tiene muchos cuestionamientos que realizar para poder integrarse.

Según se dice, las facultades que el humanismo pretende desarrollar son la capacidad de crítica de análisis, la curiosidad que no respeta dogmas ni ocultamientos, el sentido de razonamiento lógico, “la sensibilidad para apreciar las más altas realizaciones del espíritu humano, la visión de conjunto ante el panorama del saber, etc. (pág. 116).”

Universalizar la educación consiste en acabar con los manejos discriminadores: aunque las etapas mas avanzadas de la enseñanza puedan ser selectivas y favorezcan la especialización de cada cual según su peculiar vocación, el aprendizaje básico de los primeros años no debe regatearse a nadie ni ha de dar por supuesto de antemano que se ha nacido para mucho, para poco o para nada (pág. 154).

La diversidad cultural es el modo de expresarse la común raíz humana, su riqueza y generosidad (pág. 160)… Solo volviendo a la raíz común que nos emparienta podremos los hombres ser huéspedes los unos para los otros, cómplices de necesidades que conocemos bien y no extraños encerrados en la fortaleza inasequible de nuestra peculiaridad. Nuestra humanidad común es necesaria para caracterizar lo verdaderamente único e irrepetible de nuestra condición, mientras que nuestra diversidad cultural es accidental (pág. 161)… Si cada cultura es potencialmente todas las culturas, las diferencias culturales pierden su inefabilidad y se convierten en manifestaciones concretas y mudables de una naturaleza humana común (pág. 161).

 

Nietzsche creyó que el hombre libre es “aquel que piensa de otro modo de lo que podría esperarse en razón de su origen, de su medio, de su estado y de su función o de las opiniones reinantes en su tiempo”… pues bien, esta es otra tarea de la educación universalizadora: enseñar a traicionar racionalmente en nombre de nuestra única verdadera pertenencia esencial, la humana, a lo que de excluyente, cerrado y maniático haya en nuestras afiliaciones accidentales, por acogedoras que estas puedan ser para los espíritus comodones que no quieran cambiar de rutinas o buscarse conflictos (pág. 164).

Capacidad para cuestionar la realidad, para moverse y establecer condiciones que permitan ser autogestivos en el conocimiento, la libertad de elegir lo que quiere aprenderse, predominante en algunos sistemas, educativos. De forma general hasta aquí hemos abordado las condiciones que permiten el aprendizaje, hablemos ahora de los obstáculos.

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¿Cuáles son los obstáculos que impiden que la educación cumpla con los fines para los que fue creada?

La capacidad de aprender está hecha de muchas preguntas y de algunas respuestas (pág. 50).

 

En sus lúcidas Reflexiones sobre la educación, Kant constata el hecho de que la educación nos viene siempre de todos los seres humanos… más adelante señala las limitaciones que derivan del al magisterio: las carencias de los que instruyen reducen las posibilidades de perfectibilidad por vía educativa de sus alumnos… (pág. 33) bajo esta primera premisa Savater construye un discurso muy lúcido respecto a la dificultades inherentes a las instituciones que educan y quienes imparten la educación.

El tiempo es nuestro invento más característico, más determinante y también más intimidatorio: que todos los modelos simbólicos según los cuales los hombres organizan su vida en cualquier cultura sean indefectiblemente temporales, que no haya comunidad que no sepa del pasado y que no se proyecte hacia el futuro, es quizá el rasgo más animalesco que hay en nosotros (pág. 38). Sin embargo hay muy poca conciencia al respecto, el tiempo de manera general transcurre desde lo natural, y como si no existiera.

El modelo científico del saber es más bien unitario, mientras que las propuestas morales y políticas se enfrentan con multiplicidad cacofónica: Por lo tanto algunos llegan a recomendar que la enseñanza institucional se atenga a lo seguro y lo práctico –lo que tiene una aplicabilidad laboral directa-, dejando a las familias y otras instancias ideológicas el encargo de las formas de socialización más controvertida (pág. 47).

… se habla de un curriculum oculto, es decir de objetivos más o menos vergonzantes que subyacen a las prácticas educativas y que se transmiten sin hacerse explícitos por la propia estructura jerárquica de la institución (pág. 52).

Pierre Bourdieu, ha estudiado la compleja búsqueda de distinción que preside el intercambio social y que orienta significativamente también todas las formas educativas. Una de las principales tareas de la enseñanza siempre ha sido por tanto promover modelos de excelencia y pautas de reconocimiento que sirvan de apoyo a la autoestima de los individuos (pág. 53).

Para decirlo muy esquemáticamente, cuando la familia socializaba, la escuela podría ocuparse de enseñar. Ahora que la familia no cubre plenamente su papel socializador, la escuela no solo o puede efectuar su tarea específica con la tarea del pasado, sino que empieza a ser objeto de nuevas demandas, para las cuales no está preparada.

Mientras que la función educativa de la autoridad paternal se eclipsa, la educación televisiva conoce cada vez mayor auge ofreciendo sin esfuerzo ni discriminación pudorosa el producto ejemplarizante que antes era por la jerárquica artesanía familiar. Con la misma capacidad de suscitar identificación ilimitada pero también con promiscuo y abigarrado descontrol.

Finalizaré parafraseando a Hannah Arendt en su polémico y sugestivo ensayo sobre la crisis contemporánea de la educación cuando afirma que los niños no pueden rechazar la autoridad de los educadores como se encontrasen oprimidos por una mayoría compuesta de adultos, aunque los métodos modernos de educación han intentado efectivamente poner en práctica el absurdo que consiste en tratar a los niños como una minoría oprimida que tiene necesidad de liberarse. La autoridad ha sido abolida por los adultos y ello solo puede significar una cosa: que los adultos se rehúsan a asumir la responsabilidad del mundo en el que han puesto a los niños” (pág. 108).

La ética para Amador es mas optimista:

(Pág. 29) En la realidad existen muchas fuerzas que limitan nuestra libertad, desde terremotos o enfermedades hasta tiranos. Pero también nuestra libertad es una fuerza en el mundo, nuestra fuerza. Si hablas con la gente, sin embargo, verás que la mayoría tiene mucha mas conciencia de lo que limita su libertad que de la libertad misma… como no somos libres, no podemos tener la culpa de nada de lo que nos ocurra.

Finalmente la libertad como constructo requiere también de una ética que pueda darle el cause necesario, hacia la construcción de una mejor sociedad.

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REFLEXIONANDO LA EDUCACIÓN DE LA SEXUALIDAD:

… la televisión ha terminado con este desvelamiento progresivo de las realidades feroces e intensas de la vida humana. Las verdades de la carne (el sexo, la procreación, las enfermedades y la muerte… ) y las verdades de la fuerza (la violencia, la guerra, el dinero, la ambición y la incompetencia de los príncipes de este mundo … ) se hurtaban antes a las miradas infantiles cubriéndolas con un velo de recato o vergüenza que solo se levantaba poco a poco (pág. 70).

Antaño la educación sexual debía combatir los mitos propiciados por el ocultamiento que convertía todo lo sexual en obsceno (es decir que lo dejaba fuera del escenario entre bambalinas), mientras que ahora tiene que enfrentarse a los mitos nacidos de un exceso de explicitud tumultuoso y comercializado que pone el sexo constantemente bajo los reflectores de la atención pública (pág. 79).

Suponer que las noticias biológicas educan suficientemente sobre el sexo es como creer que basta para entender la guerra conocer el mecanismo muscular puesto en juego al asestar un bayetonazo y la forma de atender luego al herido… (pág. 80).

Desculpabilizar el placer sexual es cosa siempre encomiable. El puritanismo rebrota una y otra vez, según prueban ciertas interpretaciones clericales sobre el sida como flagelo divino o las protestas conservadoras ante una simple campaña de información sobre el uso de los preservativos…por lo visto el semen es un fluido que nace de la perversidad, a diferencia del simple sudor que brota del ejercicio … Pero en la actualidad parece que la propaganda de los gozos sexuales está ampliamente asegurada por numerosos medios de comunicación y necesita pocos apoyos escolares… el bombardeo del consumismo erótico vigente parece imponer la culpabilidad de no haber hecho todavía o no haber hecho lo suficiente… Viendo la televisión los niños pueden llegar a suponer que las relaciones sexuales no son más que una especie de maratón donde solo importa que cada cual obtenga lo suyo del modo más copioso y fácil posible, sin miramientos ni responsabilidades hacia el otro; es importante tarea educativa explicar que el sexo nada tiene que ver con los records olímpicos, que es más rico cuando involucra sentimientos y no solo sensaciones, que lo importante no es practicarlo cuanto antes y cuanto más mejor, sino saber llegar a través de él a las más dulce y fiera de las vinculaciones humanas (págs.. 79-81).

Aquí la ética para Amador, nos da una lección respecto a la libertad, misma que podemos vincular con la sexualidad en línea directa si tomamos en cuenta los condicionantes culturales que la mantienen:

… a diferencia de otros seres vivos o inanimados los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética… pág. 31.

Solo disponemos de cuatro principios de la moral (pág. 46):

1.- El filosófico: Haz el bien por el bien mismo, por respeto a la ley.

2.- El religioso: hazlo porque es la voluntad de Dios, por amor a Dios.

3.- El humano: hazlo porque tu bienestar lo requiere, por amor propio.

4.- El político: hazlo porque lo requiere la prosperidad de la sociedad de la que formas parte, por amor a la sociedad y por consideración a ti (Lichtenberg, Aforismos).

Libertad es decidir, pero también, no lo olvides, darte cuenta de que estas decidiendo. Lo más opuesto a dejarse llevar como podrás comprender. Y para no dejarte llevar no tienes más remedio que intentar pensar al menos dos veces lo que vas a hacer; si dos veces, lo siento, aunque te duela la cabeza … Lo mismo sucede respecto a las costumbres. Si no pienso lo que hago más que una vez, quizá me baste la respuesta de que actuó así “porque es costumbre” (pág. 51).

… nunca una acción es buena sólo por ser una orden, una costumbre o un capricho. Para saber si algo me resulta de veras conveniente o no tendré que examinar lo que hago más a fondo, razonando por mí mismo… hay que hacerse adulto, es decir, capaz de inventar en cierto modo la propia vida y no simplemente de vivir la que otros han inventado para uno.

 

Savater, Fernando (1997): El valor de educar, Editorial Ariel, México.

 

Savater, Fernando: Ética para Amador, Editorial Ariel, Barcelona, 2000.

 

 

 

4 comentarios en “ENTRE LA EDUCACIÓN COMO VALOR Y LA ÉTICA DE LA LIBERTAD COMO DESTINO”

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