Bienestar Psicológico, Psicogerontología

¿Cómo te gustaría que te cuidaran?

Así como tus partes saben que son partes tuyas, así tú debes saber que somos partes de la humanidad Theodore Sturgeon Así como tus partes saben que son partes tuyas, así tú debes saber que somos partes de la humanidad
Theodore Sturgeon

Cuidar a un anciano, es a la vez una tarea solidaria e ingrata, conmovedora y satisfactoria que exige mucho tiempo. También es cierto que cuidar a una persona próxima o familiar debería ser de las experiencias más dignas y merecedoras de reconocimiento.

Convertirse en cuidador es una actividad que usualmente no está prevista y para la cual no siempre se está preparado.

¿Qué tipos de cuidadores existen?

Cuidador principal: Es la persona encargada de la mayor parte del cuidado del anciano. Suele vivir en el mismo domicilio que el, o muy cerca de éste, y suele tener una relación muy próxima.

Cuidador formal: Es la persona o personas con formación adecuada para cuidar al anciano y que cobran una remuneración por hacerlo.

Cuidador informal: Son aquellas personas que forman parte del entorno familiar y colaboran en mayor o menor medida en la atención al anciano.

Es muy importante como se llega al papel de cuidador, ya que influye en la manera posterior de cuidar y de cómo se sentirá el propio cuidador llevando a cabo la tarea.

¿Cuáles son los derechos del cuidador?

El cuidador tiene derecho a:

• Cuidarse a sí mismo, y esto no es un acto de egoísmo. Hacerlo le ayudará a cuidar mejor al ser querido.

• Buscar ayuda en otras personas pese a que el familiar no quiera o ponga trabas. El cuidador conoce cuáles son sus límites respecto a su nivel de energía y fuerza.

• Mantener otros aspectos de su vida que no incluyan a la persona que cuida, de la misma forma que haría si él o ella estuviera bien. El cuidador sabe que hace todo lo que está a su alcance para esta persona y tiene derecho a hacer cosas sólo para él.

• Enfadarse, estar deprimido y expresar ocasionalmente sentimientos negativos.

• Rechazar cualquier intento de manipulación por parte del ser querido a través de sentimientos de culpa, enfado o depresión.

• Recibir consideración, afecto, perdón y aceptación por todo lo que hace para su familiar, a la vez que él ofrece lo mismo a cambio.

• Estar orgulloso de lo que ha logrado, aplaudir la valentía que en ocasiones ha necesitado para cubrir las necesidades de su ser querido.

• Proteger su individualidad y su derecho a tener una vida propia, en el caso de que su ser querido no le necesite todo el tiempo.

¿Qué hacer ante la sobrecarga?

El estado de ánimo del cuidador influye en la relación que establece con la persona dependiente. Si queremos modificar los sentimientos que pueden resultar perjudiciales, en primer lugar debemos identificarlos de forma clara. Así, el primer paso es siempre,  fomentar el autoreconocimiento de las propias emociones y sentimientos que a menudo pueden ser negativos, pero en suma importantes:

Tristeza

Es frecuente que cuidar a una persona dependiente a nivel físico, psicológico y/o sensorial fomente en el cuidador sentimientos de tristeza y depresión. La intensidad de estos sentimientos puede llegar a influir negativamente en las atenciones que ofrece el cuidador.

Revisar las situaciones que desencadenan tristeza permitirá cambiar o evitar, o bien evaluarlas de nuevo para encontrar aspectos positivos. Aprender a tolerar este tipo de sentimientos, es positivo, aunque intentar combatirlos con sentido del humor, actividades, buscando relaciones sociales,… ayuda mas.

Rabia / irritabilidad

Los cuidadores de personas dependientes con frecuencia experimentan un aumento de irritabilidad, que los hacen parecer constantemente malhumoradas y se enojan con facilidad. Esta reacción pretende liberar tensiones emocionales acumuladas que vienen determinadas por el comportamiento de la persona que se cuida, por la falta de colaboración por parte de otros familiares, por la sensación de impotencia ante la situación, etc.

Es importante saber que se trata de reacciones normales ante situaciones de tales características. Reconocerlas y hablar de ellas con otros familiares y amigos puede ayudar mucho. No obstante, la expresión de estos sentimientos, es mas fácil si se elige el momento adecuado, una vez pasado el episodio que ha desencadenado el enojo, intentando que no pase demasiado tiempo.

Cuando estamos enojados, debemos salir, si es posible, del lugar donde se encuentra el anciano, tomarnos un descanso y reflexionar sobre la situación. La distancia física ayuda a evaluar de nuevo un hecho conflictivo.

Es conveniente revisar si estamos malinterpretando las intenciones de la persona dependiente, revisar si podemos cambiar lo que convierte la situación en algo difícil y estresante, a la vez que asumir lo que es invariable.

Los ejercicios de relajación también pueden servir de ayuda para superar estas situaciones.

Sentimientos de culpa

Aparecen frecuentemente cuando las autoexigencias del cuidador son demasiado elevadas como para poder satisfacerlas.

La culpa se convierte en algo negativo para quien vive con ella, ya que  la carga psíquica se vuelve mas pesada  y consume energía que podríamos dedicar a la persona dependiente.

Cuando no consigue los objetivos autoimpuestos lleva a algunos cuidadores a experimentar culpabilidad al pensar que no se realiza correctamente la tarea de cuidar.

Los sentimientos negativos vinculados con hechos actuales o pasados de la persona que se cuida, no dedicarse tiempo a uno mismo, responsabilizarse de la enfermedad, atribuirse todas las responsabilidades de la atención y descuidar obligaciones familiares pueden ser también otros factores desencadenantes. Identificar estos sentimientos, aceptarlos como normales en la situación que se está viviendo y poder expresarlos a los demás.

Es necesario reflexionar de nuevo la situación y valorar todo el esfuerzo que se ha realizado como cuidador, no concentrándose solo las deficiencias y errores. Ser realistas respecto a las propias capacidades y definir prioridades ayuda a no establecer objetivos desmesurados.

Establecer Límites

Conocer los propios límites en la ayuda que se ofrece a la persona anciana, evitando dar más ayuda de la necesaria a la persona dependiente. El objetivo es contribuir a fortalecer sentimientos de utilidad en el anciano mediante la participación en su propio cuidado, favoreciendo así su independencia.

Existen algunas situaciones expresadas por la persona dependiente que permiten reconocer la necesidad de poner límites:

  1. Culpar al cuidador de su situación personal o de errores que éste comete de forma involuntaria.
  2. Hacer reproches a los cuidadores.
  3. Fingir síntomas para llamar la atención.
  4. Pedir más ayuda de lo imprescindible.
  5. Despertar a los cuidadores durante la noche más de lo necesario.
  6. Rechazar ayudas que facilitan las tareas del cuidador.
  7. Agresividad física hacia el cuidador, etc.

Ante estas demandas de atención desmedidas es importante que el cuidador sepa decir “NO”. Sin sentirse mal ni culpable y acompañar las respuestas con los motivos de nuestra negativa, evitando dar excusas.

Decir “NO ”:

• Escuchando y pidiendo que explique con detalle la demanda, si es necesario, para entenderla bien.

Expresando una respuesta directa y explicando la no necesidad de ayuda.

• Repitiendo la misma respuesta resaltando nuestra amabilidad y proximidad afectiva.

• No evadiendo, no justificándose.

• Verbalizando emociones, pensamientos o comportamientos en primera persona referentes a cómo nos sentimos.

Definiendo alternativas.

Respondiendo efusivamente y mostrando satisfacción por la situación resuelta.

¿Cómo prevenir la sobrecarga?

Cuidándose más uno mismo, buena salud tanto física como psicológica del cuidador significa buena atención a la persona dependiente.

No esperar a sentirse exhausto para preocuparse de su propio bienestar,  éste tiene que ser una prioridad, algo que le dará fuerzas para continuar y le permitirá prevenir sentimientos de soledad y aislamiento.

Algunos aspectos a cuidar son:

Dormir. Las horas de sueño determinan nuestro estado de ánimo y salud. La planificación de las actividades o la participación de otros familiares ayuda mucho, también es posible permitir al cuidador descanso durante algunos momentos en el día.

Hacer ejercicio. Hacer ejercicio físico ayuda a nivel psicológico, aportando beneficios ya que mejora el estado anímico, favorece la relajación y la disminución de la tensión emocional que acumula el cuidador en su día a día. Es muy sano practicar un deporte sistemáticamente, de no ser posible,  se recomienda andar o ir en bicicleta para obtener beneficios importantes en la salud del cuidador.

Salir de casa. En numerosas ocasiones, el cuidador y la persona dependiente comparten domicilio las 24 horas del día. De esta forma, el cuidador difícilmente puede desprenderse de su rol. Es importante buscar la forma en la que la separación física entre los dos se haga efectiva, pese a que sólo sea durante breves intervalos de tiempo. Es necesario buscar alternativas viables que favorezcan salir de casa como por ejemplo, pedir la colaboración de un familiar o amigo, dirigirse a los centros de servicios sociales, asociaciones de voluntarios, servicios de ayuda a domicilio, etc. De esta forma, el cuidador conseguirá evitar la sensación desagradable de vivir atrapado en una situación.

Descansar. Encontrar tiempo para dejar momentáneamente la responsabilidad de atender a la persona dependiente. Practicar algunas técnicas de relajación, pensar en algo agradable o darse un capricho, o incluso pasar un rato en una habitación distinta a la que se encuentra la persona que cuidamos.

Planificación de actividades de atención a la persona dependiente, sin descuidar al resto de la familia.

Diseñar un plan de acción que ayude a tener claras cuáles son las actividades que tenemos que realizar y de qué manera. Esta planificación nos evitará imprevistos y nos ayudará a disponer de tiempo para disfrutar de otras actividades gratificantes.

Los cuidadores necesitan apoyo e información  para poder desarrollar sus actividades con el mayor éxito posible, anticiparse a los problemas y prever situaciones difíciles. Este apoyo procederá de los profesionales u otros apoyos formales, teniendo en cuenta distintos formatos, de los cuales destacamos los siguientes:

Sea realista acerca del posible trastorno y sus efectos, para no crear falsas expectativas. Además, es importante conocer también la situación para poder explicársela a otros familiares o amigos que participen en las atenciones o compartan espacios con la persona cuidada.

Pensar en el futuro

Cuidar a una persona dependiente es una carrera de fondo, que puede afectar muchos ámbitos de la vida durante mucho tiempo, con frecuencia no sabemos hasta cuándo. Prever problemas y situaciones futuras permite anticipar y planificar posibles soluciones.

Para hacerlo, será imprescindible, entre otros aspectos, conocer la evolución de la enfermedad, trastorno o problemática que ha originado la situación de dependencia.

Se recomienda implicar a otros miembros de la familia en un acuerdo explícito que haga referencia a futuras acciones. Familiares, amigos y profesionales pueden aportar otros puntos de vista.

Para acabar, recordemos que cuidar puede convertirse en una experiencia positiva y gratificante. No debemos olvidar que nos puede permitir descubrir capacidades, cualidades o aptitudes de nosotros mismos que hubiera sido difícil descubrir de otra forma.

Además, esta situación nos permitirá establecer una relación más próxima e íntima con la persona que cuidamos.

Otros cuidadores recomiendan también:

Aprender a escuchar
Las personas mayores puede que cuenten la misma historia repetidas veces, todos nos la sabemos de memoria, pero piensa que ellos no tienen muchas nuevas experiencias para contar, por eso se aferran a las fantásticas historias que vivieron cuando eran jóvenes. Asume que las cuentan para no olvidarlas, para sentirse importantes “yo también soy interesante, también tengo buenas historias”

Haz que se sientan útiles
Muchas veces tratamos de que el anciano deje de hacer las tareas del hogar (hacer la cama, preparar la comida, ir a la compra…) porque ya no puede, porque le faltan las fuerzas… Piensa que eso es lo único que lo hace levantarse del sofá, y si se lo quitas, harás que cada vez se mueva menos, ejercite menos su mente y esto producirá un envejecimiento más prematuro. Déjale que tenga sus tareas, sus pequeñas obligaciones. Quizá ya no pueda preparar la comida, pero quizá pueda pelar las patatas y dejártelas listas para que tú prepares el guiso. Quizá no pueda cargar con la ropa y tenderla, y quizá no pueda recogerla, pero ¿puede encargarse de doblarla y separar la que es para planchar? Siempre hay alguna tarea, por sencilla que sea, que les puedes asignar, harás que se sientan útiles y favorecerás que muevan las articulaciones, que estén mentalmente pendientes de esa tarea y eso se notará también en su estado de ánimo.

Llévalos a visitar a los conocidos
Visitar a familiares o amigos que hace tiempo que no ven les traerán buenos recuerdos, compartir una tarde contándose historias de los viejos tiempos les harán sentirse más jóvenes. Cuando un amigo o familiar cae enfermo, les gusta, al igual que a nosotros, estar a su lado y mostrarle al otro que se preocupan por su estado, que no pueden hacer más que acompañarle, pero que están ahí. Está en tu mano permitírselo.

Permítele vivir entre sus cosas
Tanto como sea posible permítele vivir en su casa, dormir en su cama, despertar cada mañana en su habitación… Para tí es más sencillo adaptarte a su vida que para él adaptarse a la tuya. Les gusta rodearse de sus cosas, al igual que a nosotros, les traen recuerdos y les hace sentirse dueños de su entorno.

Envejecer no es fácil
Si no le salen bien las cosas, déjale que se enfade, que patalee. No pierdas la paciencia, háblale de forma calmada y dale tiempo para que se tranquilice. Sentirte envejecer no es fácil, y notar cómo cosas tan sencillas como vestirte ya no eres capaz de hacer, no es fácil de aceptar. Es un camino que hay que ir recorriendo por ambos lados, tú tienes que armarte de paciencia y aceptar que la otra persona está envejeciendo, pero recuerda que el mayor lo vive en su propia piel y está viendo deteriorarse su mente y su cuerpo, seguramente ya se sienta bastante frustrado por ello, no alimentes esta frustración, sino alimenta la aceptación.

Motiva sus intereses
Busca alguna actividad que le guste y motívale a realizarla,  no importa si tú estás de acuerdo con sus creencias o no, no pases sus últimos años discutiendo, simplemente dale el placer de disfrutar todo lo que pueda.

Sé positivo
Trata de ver la parte positiva de las cosas y haz que él o ella también la vea. Dile que le quieres. Cuando haga algo mal no te enfades, piensa que podría haber sido peor. Sonríele siempre, si te ve triste, enfadado o agobiado se sentirá culpable por darte tanto trabajo, evitar estos pensamientos negativos está de tu mano.

Compartir momentos juntos
Piensa que un día ya no estará a tu lado, y echarás de menos hacer muchas cosas con él o con ella, compartir charlas, secretos… Trata de compartir juntos todos los momentos que puedas, recuerda que para tí es más fácil adaptarte que para él.

Ponte en su lugar

 Para ello, tómate tu tiempo, relájate, para un momento tu mundo e imagínate la situación al revés, eres tú el anciano, el enfermo…

¿cómo te gustaría que te trataran? ¿te gustaría que te escucharan? ¿qué te gustaría hacer? ¿cómo podrías sentirte más feliz? Las respuestas a todas las preguntas que tengas se responderán solas.

4 comentarios en “¿Cómo te gustaría que te cuidaran?”

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