Psicología y conflicto

Indefensión Aprendida y Depresión

Según la teoría de la indefensión aprendida los organismos que experimentan que las consecuencias son independientes de su conducta, es decir, son incontrolables, forman una expectativa de que tampoco habrá contingencia respuesta-consecuencia en el futuro. A nivel conductual tal expectativa de incontrolabilidad tenderá a producir un retraso en la iniciación de respuestas para controlar las consecuencias en una situación de aprendizaje posterior. Cognitivamente produciría una creencia en la ineficacia de sus respuestas para controlar las consecuencias, y dificultaría el aprendizaje de éxito posterior. Por último, emocionalmente, cuando el acontecimiento es lo suficientemente traumático, produciría cambios y alteraciones emocionales.

Cuando una persona percibe que las consecuencias son incontrolables hace una atribución causal respecto al por qué de esa carencia de control y en función de tal proceso atribucional desarrollará la expectativa de no-contingencia futura que será responsable de los efectos de la indefensión aprendida.La atribución causal varia a lo largo de tres dimensiones:

a. Interna-Externa: El grado en el que la causa es debida a algo relacionado con uno mismo o con otra persona o circunstancia. Afecta a la pérdida de autoestima que sigue a la experiencia con acontecimientos negativos e incontrolables. Si una persona explica un acontecimiento negativo mediante factores o causas internas, la pérdida de autoestima es más probable que ocurra que si lo explica mediante factores externos.

b. Estable-Inestable: El grado en el que la causa es constante o variable en el tiempo. La estabilidad afecta a la cronicidad de la indefensión; si consecuencias negativas son explicadas mediante una causa persistente, los efectos de la exposición a dichas consecuencias persistirán más tiempo que si son explicadas mediante causas menos persistentes.

c. Global-Específico: El grado en el que la causa sea generalizable a través de diferentes situaciones, o sea específica a una situación concreta. La globalidad está relacionada con la generalidad de los déficit de indefensión. Si los malos acontecimientos son atribuidos a causas globales, los efectos de la exposición a los mismos tenderán a ocurrir en una mayor variedad de situaciones diferentes, que si son atribuidos a causas específicas. Una distinción que realiza esta reformulación, es la de indefensión universal: una persona crea que sus respuestas no son contingentes con las consecuencias deseadas y que ningún otro sujeto posee esas respuestas; frente a indefensión personal: el sujeto cree que él no tiene respuestas adecuadas, pero otros sí que las tienen. En el primer caso los sujetos atribuyen las causas a factores externos, específicos e inestables, con lo cual no se generalizará. En el segundo caso, las atribuciones son a causas internas, globales y estables y la indefensión será crónica generalizándose a otras situaciones.

Podemos observar como esta reformulación ha implicado un proceso mediador específicamente humano; lo que ha supuesto un distanciamiento de los estudios sobre Indefensión Aprendida humana de los trabajos sobre aprendizaje animal, (Peterson y Seligman, 1984).

La indefensión aprendida, o adquirida, es una condición psicológica en la que un sujeto aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil. La indefensión aprendida, o adquirida, es una condición psicológica en la que un sujeto aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil.

Indefensión aprendida y depresión

Quizás la más importante aportación de la teoría de la indefensión aprendida reside en haber sido propuesta como un modelo explicativo de la depresión humana (Seligman, 1975; Miller, Rosellini y Seligman, 1977), en tanto que algunos síntomas depresivos pueden ser inducidos mediante el tratamiento con indefensión.

Seligman (1975) afirma que la experiencia con incontrolabilidad en el laboratorio es similar a la experiencia con sucesos que típicamente son precipitantes de la depresión. Son muchos los paralelismos que se pueden establecer a nivel de síntomas:

* DISMINUCIÓN DE LA INICIACIÓN DE RESPUESTAS VOLUNTARIAS: en depresivos e indefensos. En aquellos, tal disminución se halla bien documentada por los estudios experimentales sobre el retraso psicomotor en la depresión. La disminución en la iniciación de respuestas voluntarias que define la indefensión aprendida está omnipresente en la depresión produciendo pasividad, retraso psicomotor, lentitud intelectual, etc, que en la depresión extrema puede llegar a producir estupor. En los depresivos se manifiesta una verdadera “parálisis de la voluntad“. En tareas de tiempo de reacción los sujetos depresivos son más lentos que los sujetos normales, los únicos sujetos que resultan tan lentos como los depresivos son los esquizofrénicos crónicos. La lentitud intelectual se pone de manifiesto en que el CI de un deprimido disminuye durante el trastorno y su capacidad para memorizar definiciones de palabras se deteriora.

* DISPOSICIÓN COGNITIVA NEGATIVA: las personas deprimidas se consideran aún más ineficaces de lo que realmente son: la depresión, como la indefensión inducida por acontecimientos incontrolables, resultan en una disposición cognitiva negativa consistente en la creencia de que el éxito y el fracaso son independientes de los propios esfuerzos.

* CURSO TEMPORAL: El tiempo juega un papel importante en la depresión. La muerte de un ser querido desencadena un estado depresivo que puede durar horas, días, semanas, meses, o incluso años, pero normalmente con el paso del tiempo remite. La indefensión inducida por una sola sesión de descargas incontrolables se disipa fácilmente cuando ha sido inducida por una sola sesión de descargas incontrolables, después de varias sesiones la indefensión se hará más persistente.

* AGRESIÓN DISMINUIDA: las personas y animales indefensos inician menos respuestas agresivas y competitivas, y su status de dominancia disminuye. Las personas deprimidas carecen prácticamente de hostilidad manifiesta hacia los demás. Este síntoma es tan notable que Freud y sus seguidores hicieron de él la base de la teoría psicoanalítica de la depresión: cuando se pierde el objeto amoroso el depresivo se encoleriza y dirige la cólera hacia sí mismo. Esta hostilidad “introyectada” produce depresión, odio hacia sí mismo, deseos de suicidio, y el síntoma más característico de ausencia de hostilidad hacia el exterior.

* PÉRDIDA DE APETITO: los animales indefensos comen menos, pierden peso y son deficientes sexual y socialmente. Para una persona deprimida la comida ha perdido su sabor, el interés sexual se desvanece y la depresión grave puede ir acompañada, incluso, de disfunción eréctil.

* CAMBIOS FISIOLÓGICOS:  La hipótesis más destacada sobre el origen fisiológico de la depresión es la hipótesis de las catecolaminas, según la cual se produce una disminución de la NE en determinados puntos del sistema nervioso de los depresivos. Además, las sustancias que tienen como efecto reducir los niveles de NE producen retraimiento social y conductas de carácter depresivo en monos y a las ratas de laboratorio las vuelve incapaces de aprender a escapar de una descarga eléctrica. Resultados recientes parecen indicar que en la depresión estén también implicados los sistemas colinérgicos: Parece ser que la administración de fisiostigmina (droga que activa el sistema colinérgico) en sujetos normales desencadena a los pocos minutos un estado depresivo con sentimientos de indefensión, deseos de suicidio y odio hacia sí mismo. Cuando a estas personas se les administra atropina (droga que bloquea la actividad colinérgica) los síntomas desaparecen y los sujetos vuelven a su estado normal.

Cambiando rutinas:

Las rutinas de pensamiento son tan importantes, que llegamos a confundirlas con nosotros mismos, con nuestra identidad (“Es que yo siempre he sido así”, “Es mi carácter”, “No puedo cambiar mi forma de ser”…etc).

Grave error, somos mucho más que lo que hacemos y pensamos. Y estamos en constante evolución y cambio.

Así que pon en práctica los siguientes:

Vigila tus pensamientos y palabras y, en cuanto aparezca algo como:  “yo no puedo hacer eso”, “no debo”, “no sé”, “me da miedo” … Párate y cuestiónalo racionalmente. Pregúntate “¿Por qué no voy a poder?” “¿A qué le tengo miedo?” “¿Qué es lo máximo que, en el peor de los casos, podría perder?” Gradualmente descubrirás que esas negativas no tienen mucho sentido, y no sirven más que para mantenerte paralizado.

Rompe tus rutinas: si habitualmente piensas “Mi pueblo me deprime” y luego te entretienes en los videojuegos, por ejemplo, cuando detectes ese pensamiento, cámbialo porNo me gusta mucho mi pueblo, pero tampoco sé todo lo que ocurre en cada una de sus calles” y después sal a darte una vuelta por una ruta que no hayas realizado nunca, te sorprenderán tus sensaciones. Si cada vez que te sientes triste tiendes a echarte en el sofá o la cama a descansar… ¡rompe con eso! Vence a tu rutina cotidiana y haz algo contrario: sal a correr o en bicicleta, o llama a algún amigo… Pero no repitas lo que haces cotidianamente El cambio ya estará actuando en ti.

Piensa que siempre existen alternativas: sea cual sea tu situación, sobre el tema que sea (trabajo, amor, decisiones…), SIEMPRE existen otras opciones y alternativas a esta actitud y pensamiento, aunque no se nos ocurran o estemos momentáneamente ciegos a ellas, encerrados en la oscuridad de nuestra autocompasión. Esto es un hecho objetivo: siempre podemos afrontar los hechos con docenas de opciones diferentes a las que habitualmente tomamos.

Intenta hacer un hábito mental de estos consejos.

Practícalos, empezarás a percibir el mundo de otra manera.

BIBLIOGRAFÍA

FERRANDIZ, P. (1989). Indefensión Aprendida. En J.MAYOR y J.L. PINILLOS Tratado de Psicología General. Aprendizaje y Condicionamiento Vol. 2. Madrid, Ed. Alhambra.

MALDONADO, A. (1981). Indefensión aprendida. En TUDELA, P. (Ed.) Psicología Experimental, vol. 1 UNED, Madrid.

MALDONADO, A. y RUIZ, J.A. (1982). Indefensión aprendida en humanos. Una revisión crítica. Psicológica, 3, 153-174.

ORTEGA, A.R. y MALDONADO, A. (1986). Controlabilidad y Estilo Atribucional en la Indefension Aprendida Humana: estudio experimental de las dimensiones de globalidad y estabilidad. Revista de Psicología General  y  Aplicada 38, 834-854

SELIGMAN. M.E.P. (1983). Indefensión, Ed. Debate, Madrid.

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