Psicogerontología

¿Envejecimiento posmoderno?

  
 Muchos jóvenes, al hablar de envejecimiento, mantienen perspectivas sombrías atribuyendo a la senectud un estado de existencia marginal. La sola idea de envejecer, supone en el imaginario la pérdida de energía, control, flexibilidad, sexualidad, movilidad física, memoria y hasta inteligencia.

Los ancianos son objeto de estereotipos que dificultan ver esta etapa del desarrollo humano con objetividad y entender su diversidad. El punto mas complicado sucede, cuando los estereotipos  llegan incluso a convertirse en políticas y en actitudes generalizadas que desalientan la participación activa de los viejos en la vida social.

Se llama ancianismo a la actitud de indiferencia y olvido que atribuye a la senectud un destino ignominioso y que deriva además en atribuir estereotipos positivos a los jóvenes y negativos a los ancianos.

Es un error generalizar a partir de unos cuantos.

Los estereotipos negativos hacia los viejos solo inducen temor al envejecimiento e influyen poderosamente en la forma en que los primeros se autodefinen. Pero ¿Cómo ha llegado el mundo posmoderno a esta idea?.

La palabra vejez viene de la voz latina vetus que se deriva de la raíz griega etos que significa “años”, “añejo”. En general, la vejez suele ser reconocida por la mayoría de nosotros a partir del tiempo acumulado, como un signo del tiempo transcurrido, independientemente de la interpretación que cada grupo o cultura haga de tal signo, es decir, del significado con el que se relaciona esta edad en función de un momento histórico determinado.

En el mundo antiguo, tanto en Egipto como en China, la vejez fue considerada como parte importante de la comunidad, los viejos estaban ligados a la divinidad, la ética, la política, la familia y la sabiduría. Si recordamos a las culturas más antiguas, como en Mesoamérica, tanto los Mayas como los Aztecas y también, en otras latitudes, los Incas, otorgaban a los viejos un papel importante relacionado con aspectos mitológicos y proféticos, literarios, religiosos y filosóficos, considerados sujetos de sabiduría, de experiencia ligada al tiempo y la vida humana (García, 2003).

En la Antigua Grecia, la percepción fue distinta, puesto que la vejez fue vista como algo indeseable. García (2003) señala que para la mitología griega fue vista como un episodio aberrante y doloroso para los seres humanos. Dioses y héroes mostraban fuerza y juventud como características principales.

La revolución industrial tuvo una influencia importante en la desaparición parcial del papel de los viejos. Los talleres y empresas familiares fueron desapareciendo poco a poco en contraposición al crecimiento de la industria. Sucedió entonces que las familias se reorganizaron y aparecieron los “desocupados”, una nueva dimensión para conceptuar a los viejos que los coloco en situación de dependencia.

Blanck-Cereijido (1999) señala que para fines del siglo XX, varias circunstancias dieron inicio a un proceso de estratificación social por edades y la edad se fue transformando en un mecanismo para determinar el acceso a ciertas posiciones y pasó a funcionar como un método para integrar a una persona a múltiples papeles y responsabilidades. La sociedad se organiza en torno a los jóvenes.

Y cuando los conocimientos acumulados comenzaron a perder su valor, cuando se especializaron los métodos de trabajo y de vida, la experiencia de la vejez perdió importancia en relación al conocimiento de los jóvenes. Y el papel de los viejos queda suscrito al confinamiento, en la familia o la institución, a depender de los hijos y con pocas probabilidades de reconocimiento.

La vejez como concepto que pretende ser sistematizado es relativamente nuevo, es apenas en el siglo XX cuando nace la gerontología y se realizan los primeros intentos de comprender el envejecimiento. Existen de inicio tres perspectivas de la vejez:

1) La biológica. Incluye una definición de la vejez desde: a).- Un patrón de referencia cronológica y b).- La serie de cambios morfofuncionales que declinan con el envejecimiento (García, 2003).

2) La psicológica.  Donde se estudian los cambios en los procesos psicológicos básicos, y el desarrollo que estos presentan, dimensión que podríamos llamar psico- biológica; y, segunda, la que refiere al estudio de la personalidad y sus cambios, que denominamos psicológica estructural.

3) La social. Esta dimensión parte del estudio de: la sociodemografía, que se refiere al crecimiento poblacional y sus efectos endógenos y exógenos; la sociopolítica, que implica el nivel de participación y de integración social de los viejos, y; la económica política, que incluye el estudio de los recursos y condiciones socioeconómicas de las personas en la vejez.

La vejez es al mismo tiempo proceso y producto.

Es decir, que no hay que hacer la distinción entre envejecimiento, cuya connotación se ha centrado principalmente en el ámbito biológico, sino asumir que la vejez implica ambas dimensiones. Si es vista como un concepto del campo construccionista, como el de las representaciones sociales, no puede más que asumirse una realidad dialéctica y relativa. Tanto producto como proceso constituyen dimensiones cambiantes y dinámicas de una misma situación: la vejez.

La vejez es una situación del ser humano

Expresada a través de la edad, en la que se sitúan una serie de cambios psicosociales y físicos. Estos cambios son también relativos a las características en que la situación se presenta a nivel personal, en función de la cultura y de las especificaciones orgánicas. Lo importante es resaltar que, como situación, la vejez no es una experiencia individual, sino social. Los cambios biológicos solamente toman sentido en función de una sociedad determinada. En esta, en la capitalista, la lentitud, la pérdida de memoria, el cansancio, la pérdida del oído o del gusto, son construcciones sociales en un contexto de competitividad. La vejez es una situación social.

La edad es relativa

Desde el punto de vista causal y cronológico, no a los cambios biológicos exclusivamente, sino también a las percepciones y representaciones que se le atribuyen. Las personas pueden tener 70 años y no sentirse viejas o tener 30 y sentirse en esta edad. Es por ello que la vejez nunca ha podido ubicarse de forma certera a nivel biológico. Es muy difícil afirmar actualmente que una persona “envejece” por una programación genética o por deterioro celular. En cada persona se presenta de forma distinta y esto hace que los biológico sea solo un factor que puede afectar.

El discurso del envejecimiento nace de las relaciones en una cultura dada en un tiempo dado.

La vejez tiene implicaciones psicosociales y biológicas

Que no dependen del sujeto que está situado en esta edad, sino de los cambios culturales y tecnológicos que enfrenta la sociedad en la que se vive.

El estudio de  la vejez, por tanto,  debe considerar una perspectiva teórica que reflexione sobre el papel que tiene la interacción social en la construcción de la vejez y en la conformación de nuestras concepciones sobre este y otros fenómenos. Pero también, debe considerar el papel histórico y social que tiene cualquier fenómeno a estudiarse, en este caso, la vejez, y reconocer que nuestras concepciones y representaciones sociales sobre estos fenómenos están mediadas por el cambio histórico y social.

Aquí surge entonces la necesidad de generar nuevos conocimientos desde especialidades como la Psicogerontología.-  que surge de: “Psico”, del griego ψυχή, alma o actividad mental, “Gero” Anciano “Logos” Estudio.
Es la rama de de la Psicología que se encarga de la atención y cuidados ya sea preventivo o de intervención del adulto mayor, en esta etapa de transición y le ayuda a afrontar los cambios que acontecen en su contexto, social, familiar y afectivo.
Y en apoyo interdisciplinario trabaja en conjunto con la geriatría y la gerontología.
Aquí se prepara un nuevo espacio de aprendizaje, ¿Cómo será envejecer en el siglo XXI? y hablo de ese siglo donde a muchos nos tocará envejecer (si tenemos suerte y los años por venir nos favorecen con la conservación de la vida.

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