Psicoterapia

Everything is…

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Rogers dice que: los humanos necesitamos y buscamos básicamente la satisfacción personal y establecer relaciones muy estrechas con los demás. El intuía que nuestra postura frente al mundo se decidía fundamentalmente en la percepción que tenemos de la realidad y de las demás personas, por eso lo realmente interesante es buscar una buena forma de relacionarnos con el mundo. Algunas personas tratan de relacionarse con el mundo de una forma más “objetiva” considerando tantas fuentes de información como sea posible (por ejemplo, diversos datos sensoriales, las opiniones de otras personas y los resultados de estudios científicos), mientras otras in­tentan evitar el contacto con información posiblemente conflictiva (opiniones de los demás, datos de los periódicos… etc) y se comportan dando más valor a sus impresiones subjetivas.

 

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No existe camino seguro a una “realidad verdadera” conforme a la que se haya de vi­vir, pero Rogers creía que una postura abierta a las diferentes posibilidades nos mantendría más vivos y con más posibilidades de una buena vida. La persona debe estar abierta y sensible a las experiencias internas (sensaciones, sentimientos, pensamientos y otros) así como al ambiente externo (las opiniones de los demás, los hechos agradables y desagradables… etc).

De acuerdo con Rogers, los humanos nos encontramos en un estado de “ser y convertirnos en”, siempre estamos en camino de convertirnos en otra cosa diferente de lo que somos con el fin de hacer nuestra vida más plena. Por eso es tan importante vivir en un ambiente que nos permita el crecimiento personal, que no nos estanque ya definitivamente en una horma de ser, de pensar, de sentir… etc. Solamente así es posible la realización como hombres y la felicidad.

Según Rogers, la tendencia a la realización es el único motivo básico humano. Creía que el organismo humano tiende de manera intrínseca a conservarse y a esforzarse por me­jorar; esto es lo que quiso decir con “realización”.

El ser humano es básicamente activo y si las condiciones son favorables intentaremos desarrollar nuestras potencialidades al máximo; cuando no se da este desarrollo el individuo entra en una crisis y se convierte en un ser problemático e infeliz. Los aspectos específicos del crecimiento humano varían de persona a persona; no todos harán exactamente las mismas cosas cuando las condiciones sean pro­picias para la realización. Así, un individuo podría elegir involucrarse intensamente en la vida de familia y la educación de los hijos, esforzándose mucho por realzar sus experiencias dentro de ese contexto, en tanto que otro podría estar muy interesada en aumentar su competencia profesional y en entablar relaciones significati­vas no matrimoniales.

Sin embargo hay generalizaciones que son válidas, podemos referirnos a algunas que son muy importantes para el crecimiento y realización personal en todas las personas:

  • La flexibilidad en vez de la rigidez.
  • La apertura en vez de la actitud defensiva.
  • La autonomía (mayor libertad del control externo) en vez de la heteronomía.
  • Un autoconcepto positivo y realista.

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Para lograr esto propone una serie de pautas a aplicar en la vida:

1. Dejar de utilizar máscaras: no aparentar una cosa que no eres. gastamos muchas energías disfrazando nuestra verdadera personalidad. En la clase, por ejemplo, seguro que intentamos parecer mucho más adultos, seguros, violentos, despreocupados… de lo que realmente somos. Uno mismo es quien sabe mejor cómo es, pero el hecho de quitarse la máscara, de salir de la fachada que nos oculta cómo somos realmente nos da miedo, y por eso preferimos ocultarnos.

2. Dejar de sentir los «debería». La conducta de las personas está marcada por muchos elementos. Uno de ellos son las normas, que nos dan nuestros padres, la autoridad social, la presión social, etc. Hay un momento en que estas normas están tan interiorizadas, nos marcan de tal modo, que las seguimos aunque no queramos seguirlas. Es decir, hacemos las cosas porque nos han dicho) que “debes hacerlo» y no porque realmente queramos hacerlo o creamos que es la manera más adecuada de hacerlo. un ejemplo claro de esto podría ser la relación que mantenemos con nuestros padres. Ellos, con sus recomendaciones, sugerencias y órdenes, intentan, con toda la buena voluntad del mundo, ponernos en el buen camino. Y nosotros, en cuanto no seguimos alguno de estos planteamientos, tenemos mala conciencia. Nos avergonzamos de nosotros mismos por no haber atendido a sus prescripciones. El hecho de cambiar esta forma de hacer y de dejar de seguir los «debería” es una fase fundamental del proceso.

3. Dejar de satisfacer expectativas impuestas. La psicología social nos dice que tendemos a hacer aquello que hacen los otros. Nuestra cultura pretende que los individuos sigan unos patrones, unos modelos y cumplan determinadas expectativas. La consecuencia es que las personas viven de acuerdo con valores que los otros han fijado pero que tal vez no sean nada significativos para ellas. Por ejemplo, una expectativa social de un estudiante de preparatoria es que vaya a la universidad, tenga un trabajo de prestigio, forme una familia y gane dinero. Pero tal vez una persona, al acabar la secundaria, prefiera viajar por el mundo, o dedicarse a una actividad de voluntariado o retirarse al campo para dedicarse al cultivo de orgánicos o simplemente pasar un tiempo de tranquilidad porque no sabe qué quiere hacer. Sin embargo, la mayoría de las veces no nos atrevemos y nos vemos vencidos por las exigencias sociales.

4. Dejar de esforzarse por agradar a los demás. Muchas personas se han educado y se han formado intentando siempre agradar a los demás y con el miedo permanente a recibir una critica o una censura por parte de los otros. Esta conducta nos hace esclavos de una idea e impide la autoaceptación y el desarrollo de la propia personalidad; el resultado, individuos incapaces de desarrollarse, que viven a la espera de ver qué quiere el otro para actuar. Las personas que realmente son libres, que se han aceptado a sí mismas, dejan de intentar hacer las cosas en función de los otros, hacen las cosas porque las quieren por sí y para sí.

5. Auto-orientarse. Elegir desde tu propia autonomía tus objetivos y tener en buena parte de ellos las razones de esta elección. Significa ser autónomo, no depender de los demás, de la familia o de la pareja; saber que si te equivocas eres el único responsable y que nadie va a resolver tus problemas. Esta autonomía, a veces, genera miedo porque el individuo se ve “solo ante el peligro”, pero la dependencia es aún peor, nos lleva a sufrir mucho más.

6. Comenzar a ser un proceso. Las personas que se aceptan a sí mismas notan que entran en un proceso constante de cambio y aún disfrutan de ello; no tienen miedo a cambiar de trabajo, de lugar de residencia… el mundo no les queda grande y no tienen miedo a perder cosas si ganan otras. No se esfuerzan por llegar a estados definitivos porque prefieren no estancarse.

7. Aceptar la propia complejidad. La experiencia de este estilo de cambios implica aceptar la propia complejidad. No vernos de manera simple en la que o somos buenos o malos, o trabajadores o perezosos, o simpáticos o aburridos. Las personas que no se aceptan a si mismas tienden a generalizar situaciones: si tienen un desastre amoroso pasan del “no le gusto a mi pareja…” a “no le gusto a nadie”. Aceptarse a sí mismo significa aceptar la complejidad; significa que puedo ser a veces simpático y a veces aburrido, a veces bueno y amable y otras bastante egoísta. Los momentos buenos no les lleva a “endiosarse” ni los malos a tirarse al vacío.

8. Comenzar a abrirse a la experiencia; significa comenzar a verse como lo que uno realmente es, no evitar ninguna parte de nuestra personalidad aunque nos resulte oscura o desagradable.

9. Comenzar a aceptar a los otros. Solamente si nos aceptamos a nosotros mismos podremos estar bien con las demás personas. A medida que aceptamos nuestra experiencia, estamos más capacitados para recibir las cosas que nos proponen los otros. El que no se acepta, nunca estará cómodo en la relación con los otros ya que trasladará su idea sobre sí mismo sobre los demás pensando que tampoco ellos le aceptan.

10. Comenzar a confiar en sí mismos. Comenzar a aceptar nuestra propia forma de ser nos dará tranquilidad y confianza. Confiar en uno mismo no significa adoptar una actitud prepotente y pensar que “todo lo hago bien”, significa más bien no tener temor a equivocarse y atreverse a experimentar; si confiamos en nosotros mismos aceptaremos nuestra carencia y trataremos de mejorar día a día; si no confiamos en nosotros mismos descartaremos posibilidades que nos atraen mucho con la excusa de “no ser lo suficientemente buenos”.

1 comentario en “Everything is…”

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